Las fuerzas de un gran número de constelaciones estelares se habían reunido con un único objetivo, contener al hombre. Después de miles de años de investigación en lo que respecta a la especie y los múltiples incidentes identificados en la llamada vía Láctea, en el planeta Tierra; los sabios del planeta Nedrón y los dueños de Javsael tomaron la sabia postura de destruir la Tierra y toda la basura que en ella habitaba, llamada extraoficialmente humanidad.


El problema aumentó ante la corte global al saberse que los humanos dedicaban tiempo y recursos a la exploración de planetas no habitados con la finalidad de probar ahí su armamento catastrófico, destruyendo la poca vida que pudiera hospedar.


Falles Hawyke, líder de la bancada inteplanetaria pacífica, nacido en el planeta Jhassou y principal responsable de que la decisión se mantuviera en juicio exponía con lujo de detalles el déficit económico, militar y sobre todo mundial que una acción de esta índole traería al universo.


—¿Y el motín? ¿Cómo lo dividiremos? Todos conocemos que los javsaelianos son agresivos posesivos, al finalizar el avance serán los primeros que envíen tropas a habitar el lugar con la finalidad de asegurar ganancias, seguro querrán las aguas, que es la mayor riqueza de ese planeta; mientras que los nedronianos, con su tecnología eónica irán por el oxígeno; al suceder eso, qué haremos con todo el desecho tóxico que existe en el suelo de ese lugar. Hemos probado miles de modos y de ninguno es posible desintegrar el territorio afectado sin destruir la riqueza de su biósfera.


—Lanzaremos un micro agujero oscuro, que los absorba y nos evitamos riñas. —Resopló Gurr Harrs, representante de los destructivistas unidos.


Habían pasado quinientos años desde que inició el juicio sin resultado alguno, el consejo de dioses sudaba, pues serían ellos los que tomarían la decisión final, Harrs y Hawyke se veían con desprecio.


—Culpable. —Gritó el consejo después de pensar su decisión durante los últimos veinte años.


Luces comenzaron a abundar en el lugar, brillantes, claras, una tras otra. Los nedronianos asieron sus englutadores y se transportaron a la parte nuclear del planeta Corsco, donde se celebraba el juicio. Los javselianos corrían desesperados, impulsados por sus colas aladas buscaban salir del lugar, todo brillaba cada vez con mayor fuerza. Zumbidos y explosiones saturaron el lugar.


Desde la mitad de la multitud del consejo se asomó una enorme imagen holográfica en la que los presentes pudieron ver lo que sucedía fuera del planeta, esos individuos, los estúpidos humanos habían evolucionado, cambiaron las reglas de cohabitación y utilizaron sus limitadas tecnologías globales para atacarlos.


Como siempre, los humanos no tuvieron piedad. Después de destruir a todos los habitantes de esos planetas siguieron su travesía, su intención era única, destruir todo ser viviente que no fueran ellos, aniquilar cualquier planeta que pudiera ser habitable, matar por odio y envidia, por gusto, actuar porque sí.


En su ego los humanos terminaron destruyendo todos los planetas habitables, obligando a sus generaciones a adaptarse a circunstancias y climas diversos, en su demencia se mataban a sí mismos.


Finalmente llegó el momento en el que gobernaron el mundo, y ese día fue el fin de su especie, pues solo quedaba un humano que bajo la desesperación del momento, presionó el botón, y fulminó la poca vida que todavía quedaba. FIN.



Sam intentó salirse con la suya al escribir una carta sobre el pequeño taburete de roble en medio de la sala común de la empresa a su tan querida amiga y compañera:


—Eva, hace años que no puedo dejar de pensar en ti de una forma distinta a la sola amistad que me propones, has suscitado en mí una esperanza a lo que será una forma diferente de ver las cosas, desde que te conozco, me he convertido en el romántico menesteroso del que siempre quise alejarme. No hago males a nadie, ni soy violento, bueno, de hecho hoy ni siquiera tengo deseos de reclamar nada. Te pido, con todas las fuerzas de mi alma que me respondas a una cuestión. ¿Existe alguna posibilidad de que tú y yo seamos pareja? ¿Hay siquiera una mínima circunstancia en la que eso sea probable?


El texto lo dejó en forma de recado donde ella pudiera verlo, tomarlo y escribir posterior a él una respuesta.


Eva, mujer de veinte, soltera, de belleza intelectual muy superior a la media, destacada y prominente en varias instancias al leer la patética nota de Sam solo podía pensar deshacerse de él lo más pronto posible, sin enamorarlo; no tenía intención de causar estragos negativos en su vida. Tan dulce ella lo decidió, tomó una lapicera, la hoja de papel y con toda la convicción que suponía su edad escribió:


—Lo siento pero no, gracias.


Sam fue el hombre más feliz del mundo a partir de entonces, pues se sintió libre del yugo que lo unía a una ilusión imposible, se enamoró más veces, nunca más como de Eva, se casó, hizo fortuna, fama, familia, historia y murió feliz consciente de que el favor que Eva había acometido a su vida era el de desatar el nudo del amor que él lentamente ató alrededor de ella. FIN.




 "Alexa, buenos días."

Rutina. Eso con lo que las personas saludables inician cada mañana y que se ha vuelto una herramienta fundamental en las mentes propias de la modernidad; algo que a pesar del tiempo transcurrido, difícilmente he podido adoptar de la mejor manera a mi estilo de vida. Porque me encuentro en constante cambio.

A veces leer un poco, otras escribir, algunas más dándome un baño y ya de plano las peores, encendiendo la computadora para iniciar la junta del día; hay quienes aprovechan para tomarse un café en ayunas (muy bueno sin azúcar si están buscando quemar grasas), salen a hacer ejercicio cardiovascular matutino o corren al gimnasio, e incluso como mi madre, que toman algún instrumento de limpieza y empiezan con labores domésticas.

En mi caso, quisiera depender menos de la rutina y más del esporádico, pero no funciono así; tengo que reconocer que la ausencia de un orden por lo general está vinculada a una incomprensión del "qué sigue" en cada paso que doy. Así que mientras una parte de mí quisiera con desbordantes ganas salir a caminar cada mañana a respirar el aire fresco del día y obtener energía, la otra no encuentra forma y lugar ni para su existencia. Sin ser una excusa, pero es obvio que solo uno sabe lo que lleva a cuestas.

Me gusta la idea de ser honesto conmigo e incluso en mis peores circunstancias reconocer que algo me falta, en este caso particular, claro está que requiero adoptar nuevas rutinas que fortalezcan mi estado mental, espiritual y físico. Como hace años llegué a hacer, tener actividades en calendario de forma ordenada me lleva lentamente a alcanzar objetivos previamente establecidos.

En su momento fui víctima del tiempo, me animaba a conseguir todo casi inmediatamente. Si se trataba de bajar y mantenerme en mi peso, me decía a mí mismo, lo puedes lograr en un par de meses; cuando me refería a algún aprendizaje, me determinaba a acabar de estudiar tan pronto como pudiera, dos, tres, cinco horas al día, las que fueran necesarias; respecto a la literatura, por ejemplo, llegué a un punto en el que me sometía a leer un libro al día. Y eso está bien, hasta que te consume; la cosa con algunas personas ya visto desde una perspectiva externa, es que se obsesionan bastante, llamémosle apasionados, por leerse menos agresivo.

Pasa que me he muerto en el sentido de que ya no percibo esa chispa en mí, al menos no con la intensidad que solía suceder; las razones pueden ser varias, zona de confort, apatía, conformismo, desgracia, pena, lamentación, tristeza, disgusto, desánimo, miseria. Casi como nombrar las cartas de una lotería que nadie quisiera poseer. Todo podría estar en cierto sentido vinculado a mi entorno, lo reconozco. Es probable que la concentración de metas incumplidas haya roto mi objetivo principal, que es estar bien, y llevado consigo al efecto contrario. Porque siendo sincero, ustedes como yo sabemos que una vez que fallo en adquirir un propósito, el siguiente lazo lo coloco a mayor distancia que el anterior.

Pues esta vida que aunque para la mayoría se trata de acumular victorias, para mí es una especie de: "En la siguiente voy a intentar una mejor puntuación", y a pesar de recolectar consecución de fracasos, seguiré haciéndolo reiterativamente.



 Pasa que antes me sentía incomprendido por las opiniones ajenas que tuvieran de mí; en mi corazón lo que más anhelaba era caerle bien a los demás, deseaba como mi máximo objetivo ser magnético y causar empatía de inmediato; hasta que hace relativamente poco pude reconocer realmente que cada uno está luchando su propia batalla.

Aunque nunca he sido de tomar represalias y prefiero continuar a la siguiente meta; lo cierto es que hubo un tiempo en el que las actitudes e hipócritas personalidades me hacían querer decirle a todos: "Hey, esta persona miente" o "esta persona esconde tal o cual complejo", solo eran deseos, nunca concreté algo de eso gracias a las limitantes bajo las que me he regido toda la vida.

Lo que me pasa ahora es justamente lo contrario, situación, acción o personalidad que encuentro un poco incómoda en mi percepción subconsciente (generalmente atinada), me mueve a meditar las luchas por las que estará pasando, los problemas que habrá atravesado para encontrarse ahí y las brechas que existen entre ambos además de la forma en la que el entorno habrá causado impacto para ser como es.

Lo mencionado en el párrafo anterior me resulta inmensamente liberador; porque permite motivarme en la única persona que debe de importarme realmente mejorar, o sea yo. Además todo este asunto de analizar lo único que hace es otorgarme más herramientas de autoevaluación, pues es obvio que lo que veo en otros y me provoca "batallar", en ocaciones, es aquello que me podría servir como maestro espiritual y mental, llámese para mejorar mi forma de ser, para comportarme de una manera más agradecida o simplemente para actualizar mi software de misericordia y tolerancia.

A veces escribo de las cosas lindas que me ocurren, si no ven mucho de eso por acá, es porque la he pasado mal, y se vale. Hace meses leí un meme que decía algo así: "Sé que estás pasando por momentos difíciles, pero recuerda, tú te los buscaste". Y obviamente es igual a restregarme en la cara las malas decisiones que he tomado. Aunque divertidísimo.

Atrás quedaron los intentos de hacer funcionar mi cabeza de una manera radical y revolucionaria; probablemente he sucumbido ante lo que la sociedad esperaría de alguien de clase baja y origen humilde como yo, "mantenerme endeudado y ahogándome en la miseria". Pero me siento en un punto en el que no deseo culpar a otra cosa que no sean mis propias fallas a la hora de seleccionar opciones; aunque para nada me pienso quedar revolcándome en la depresión.

Es como si un interruptor en mi interior hubiera cambiado de posición; y donde antes hubo autocompasión, lástima, dolor y pena; hoy me siento más fortalecido que de costumbre. No les voy a mentir, la tristeza es por razones circunstanciales parte de mi día promedio; pero se ha vuelto tan común la convivencia con la misma que a veces hasta se vuelve incentivo para fenómenos graciosos. Como si fuera algún personaje de comedia muda en blanco y negro, que después de la caída aparatosa, acepta las risas y sigue adelante.



Mirando al reflejo en la pantalla me pregunto si todo va a estar bien, si conseguiré superar las batallas que vienen; antes de permitir que la duda se apodere de mí, tomo el teclado y comienzo a escribir un poco:

¿Cuántas veces habría muerto hasta ahora de no ser por la bendición divina? Ahogado, asesinado, atropellado, en una explosión, en un terremoto, como consecuencia de algún golpe fatal o frente a un virus letal. Cada día estamos expuestos, los peligros acechan de un momento a otro, y sin embargo, comprender que somos insignificantes, que nuestra importancia no supera el círculo más cercano, nos debería valer para recapacitar el valor de nuestra existencia misma o por qué hay quienes prefieren arrebatársela.

Al observar las dimensiones de mis problemas, con un ojo pesimista, tiendo a sobreexplotar los desenlaces negativos, no me pongo del lado de la experiencia ante la circunstancia, o a mirar a través de "oportunidades" que se presenten; mi cabeza, por lo general no entiende de visiones con resultados beneficiosos, para nada. Eso te puede volver parcialmente víctima de paranoia, e incrementar, de forma consecuente la desconfianza.

Qué necesidad hay de ser alfa en un mundo en el que la inmensa mayoría anhelan eso; para presumir superioridad de índole cualquiera hacia una audiencia efímera, que se desvanece al primer dejo de debilidad, cuando puedes enfocarte en explotar las características que te hacen particularmente distinto; llámense gustos, peculiaridades, estilos, talentos, actividades o maneras de pensar. Habrá algo que el autoproclamado "alfa", por mucho que se esfuerce jamás podrá alcanzar, es probable que intente imitarlo, con fallos evidentemente perceptibles desde la experiencia, pero imposible será que lo domine, y eso es, el autoconocimiento. Pues al vivir nutrido de la opinión ajena, reduce al máximo la esencia propia y se convierte en un objeto de consumo, un producto.

Con esto no estoy diciendo que sea imposible ser un sujeto alfa, obviamente los hay constituidos desde sus principios; más bien hablo de los que, por una férrea necedad de alcanzar el concepto deseado, abusando de la mímica sin temor al absurdo, se construyen un altar al egocentrismo, porque rechazan la idea de saberse inferiores, y falsamente, se ponen el abrigo que no les pertenece. Esos son los que terminan cayendo, y al hacerlo, de forma estrepitosa, el público mismo que tanto procuraron es el que se mofa al verles fracasar. Así se diluye hasta su mínima expresión el héroe que no quería soltar el pedestal, y no termina con los pies en el piso, como muchos otros, sino que se embarra de bruces contra la realidad.



Sujetos Alfa

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Mirando al reflejo en la pantalla me pregunto si todo va a estar bien, si conseguiré superar las batallas que vienen; antes de permitir que ...

En ocasiones me gustaría que la vida fuera como el software en una computadora; que sin importar lo mal que te encuentres, lo feo que te haya tratado tu entorno, puedas simplemente formatear y dar una especie de reinicio de fondo. Y cuando tus recursos generales están bien, puedas continuar desempeñándote de la mejor manera una vez actualizar y reinstalar los componentes más necesarios.

Bajo esa premisa, estuve "limpiando" mi computadora, quité un par de cientos de "favoritos" que me causaban estrés a una lista de unos treinta links que utilizo más comúnmente de lo que esperaba. Además de eso, desinstalé un par de herramientas que probablemente haya que volver a configurar si las necesito de nuevo, y estoy en ese punto, entre decidirme si darle formato de una vez o continuar con lo que ya tengo. Estaría padre que el MacOS "Monterey" quede en un renovado equipo, pero sigo pensándomela. En este momento no hay nada en ella que verdaderamente me pese perder al dar formato. Lo que no está almacenado en la nube, lo tengo en discos externos, así que sin problemas lo podría hacer.

Una de las prácticas que recientemente adquirí, es la de mantener mi computadora lo más limpia que me sea posible. Eso significa que descargas, software, documentos, multimedia y demás, se van cada cierto tiempo; habrá que hacer un poco de publicidad a la excelente herramienta que es CleanMyMac.

Tengo un pleito actual con el teclado y el pad del equipo que me otorgaron en el trabajo; falla mucho, no reacciona al tiempo que lo requiero. Admito que comprendo a las personas que les gusta tener sus dispositivos tan actualizados como sea posible, seguro estoy de que me podría beneficiar de un teclado externo pero las restricciones de seguridad por parte de la empresa me impiden conectar dispositivos externos (las cuales, dicho sea de paso son una lata).

My life is not working fine and I understand, but I'll keep trying until my last day.

Entonces, ¿qué va a pasar a partir de ahora? Sinceramente, no lo sé. Estoy estudiando cuando hay oportunidad; trato de ponerme retos más interesantes, consciente de que no he podido aprender al ritmo que los mejores y eso me pone algo triste. Me he sentido más consciente; preocupado, sí, pero consiente de que de nada me sirve quejarme para salir de apuros.

Esto del cambio de horario, también viene a hacerme sentir mejor, hay una sensación de disminución en el ritmo de todo el entorno que me envuelve y provee una comodidad inexplicable; ¿una hora puede hacer la diferencia? No lo creo, solo pienso que hay bastantes detalles ligados al control de mi estabilidad, desde un contexto relajado y un equipo funcional, hasta un clima sin el calorón que había estado haciendo o comer saludablemente. Probablemente habrá quién piense que exagero, pero simplemente considero que soy uno con lo que me rodea y no puedo evitarlo.



 Solía pensar que el éxito llega a partir de características y cualidades que despertaran interés y diferenciaran del resto, y que tarde o temprano a cada uno de los que no se aferran a la idea de seguir modas los alcanzaba de alguna manera, ¡qué equivocado estaba!

Con el pasar de los años, comprender tantas cosas que antes no hacía se ha vuelto una experiencia diaria; esto del discernimiento se me da de maravilla y sin embargo prefiero guardar silencio para ver el suceder de los demás. Pues la ambigüedad del predicador en mi interior me limita a no ser parte de lo que está allá afuera. Aquí es donde cabe aclarar que no es por "sentirme especial" ni mucho menos, es más por aquello de permanecer en lo oculto. Bien sabido es que una vez que pones un pie en el dominio y gusto de las masas, te tienes que someter al régimen y los lineamientos del sistema que hayas escogido.

Pero ¿qué beneficio encuentras en ser un "Don Nadie"? Creo que el mayor está en no verte expuesto de modo que se convierta en algo insoportable. Cuando tú mismo te cuestionas los eventos en el entorno, lo que esperarías de un ambiente crítico, es que suceda lo mismo, pero a escala. Aunado a eso, la necesidad de atención trae consigo otras consecuencias repletas de engaño; por ejemplo, que percibas tu dimensión significativamente mayor al resto y alimentes un ego de por sí ya elevado.

Pero no es tan accesible aceptar la insignificancia, ya que nos resulta natural, incluso en nuestros círculos más cercanos, mostrar cierto protagonismo. Que si el jefe, que si el administrador, que si el que habla, que si el valiente, que si el que propone, que si el inteligente, que si el atractivo, que si el atlético, que si el religioso, que si el alto, que si el bajo, que si el blanco, que si el adinerado, que si el moreno, que si el gordo; de entre todas las posibilidades físico-intelectuales posibles, habrá una en la que te termines percibiendo como el protagónico, a nadie le gusta contar una historia de vida de la que no sea parte.

Aunado a lo anterior, está el claro ejemplo de que en casa, dentro del núcleo familiar, siempre encontraremos la manera de sobresalir en sinnúmero de formas; siendo el primo, el tío, el sobrino, el hermano, el padre, el abuelo, el hijo o el hermano que a partir de características específicas se vuelva especialmente distinto. Entonces, por donde le busquemos, es imposible permanecer gris ante todo y todos; tendríamos que literalmente convertirnos en ermitaños y aislarnos en un punto remoto, lo cual, irónicamente nos haría especialmente diferentes al resto. Por tanto, ajenos al "Don Nadie".

Entretanto que argumentamos si una persona posee una cualidad específica que le convierta en dispar, deberíamos reconocer que es prácticamente imposible seleccionar a alguien que sea completamente intrascendente, y valorar un poco más el trabajo que se hace por permanecer cuerdos en un contexto que cada vez más nos fuerza a reverenciar tendencias y desprestigiar a quienes no acuerdan con el pensar del grueso social.

Esporádicamente me di cuenta que con cada acción por la que tratara de ocultar mi personalidad al resto, el impacto sustancial era, aunque no declarativo públicamente por parte del entorno, sí evidenciado. Por lo que he decidido abrazarme de lo que venga, aceptar la responsabilidad y a pesar de estar sin un centavo en la bolsa brindar lo único que me queda, las letras. por consiguiente, ahora más que nunca he de darles el valor que merecen. Ellas han estado ahí conmigo en los peores momentos, me han servido para reflexionar, expresar amor, agradecer, liberar miedos y dejar salir las tristezas que me agobian.