Nada que Demostrar

 No tienes nada que demostrar. La competencia es feroz y no cuentas con las herramientas o contactos necesarios para avanzar. Ni modo. Es un asunto circunstancial. No permitas que la envidia erosione tu buen corazón, Eres más que eso.

Sin importar tu tono de piel, tu estatura, peso, situación social o aspecto en general, tiene que quedarte claro que un porcentaje importante de esas características es consecuente a otras más, algunas de las cuales, jamás habrías podido decidir.

El mundo está jodido. Esa es la verdad. Pseudointelectuales y patéticos repitiendo mantras demenciales mientras se regodean en sus privilegios. Al tiempo que resentidos circunstanciales y fracasados braman por su miseria. Ambos mal. Todos estamos mal.

Quisiera hacer música, quisiera hacer arte, quisiera pintar, quisiera escribir bien, quisiera ser un ciudadano ejemplar, quisiera capturar al amor de mi vida; pero tal parece que todo es un constructo sustentado cada día más en el absurdismo. Despreciable y olvidable, vivimos abrazados de generaciones muertas, adorando y admirando arquitecturas, pinturas, canciones e historias de décadas atrás, porque nos cuesta mucho y nos desagrada en gran medida abrir los ojos ante el terrorífico presente de lo que nos rodea.

Sucede que para la mayoría, nuestros abuelos no fueron célebres personajes y no pertenecemos a un linaje cultural altamente reconocido; no, nada de eso, nosotros venimos de la oscuridad y el anonimato; nuestros antepasados seguramente eran criminales y es lo que nos queda.

Tenemos mucho que decir solo porque contamos con procesadores de texto a la mano y las habilidades literarias básicas necesarias para colocar un par de letras consecutivas que formen textos que medianamente cobran sentido.

Pero en algún punto hay optimismo, o debería de haberlo al menos; solo tenemos que esclarecer que no importa el número de sacrificios que uno haya hecho, no importa qué tanto dejamos atrás o las cosas de las que nos limitamos, nada de eso importa honestamente; somos el resultado cómico fatídico y experimental de un montón de sinsentidos y variables externas; por lo tanto, no esperemos por nada del mundo que las cosas sean como quisiéramos; y a pesar de todo, hay que intentarlo.



 No tienes nada que demostrar. La competencia es feroz y no cuentas con las herramientas o contactos necesarios para avanzar. Ni modo. Es un asunto circunstancial. No permitas que la envidia erosione tu buen corazón, Eres más que eso.

Sin importar tu tono de piel, tu estatura, peso, situación social o aspecto en general, tiene que quedarte claro que un porcentaje importante de esas características es consecuente a otras más, algunas de las cuales, jamás habrías podido decidir.

El mundo está jodido. Esa es la verdad. Pseudointelectuales y patéticos repitiendo mantras demenciales mientras se regodean en sus privilegios. Al tiempo que resentidos circunstanciales y fracasados braman por su miseria. Ambos mal. Todos estamos mal.

Quisiera hacer música, quisiera hacer arte, quisiera pintar, quisiera escribir bien, quisiera ser un ciudadano ejemplar, quisiera capturar al amor de mi vida; pero tal parece que todo es un constructo sustentado cada día más en el absurdismo. Despreciable y olvidable, vivimos abrazados de generaciones muertas, adorando y admirando arquitecturas, pinturas, canciones e historias de décadas atrás, porque nos cuesta mucho y nos desagrada en gran medida abrir los ojos ante el terrorífico presente de lo que nos rodea.

Sucede que para la mayoría, nuestros abuelos no fueron célebres personajes y no pertenecemos a un linaje cultural altamente reconocido; no, nada de eso, nosotros venimos de la oscuridad y el anonimato; nuestros antepasados seguramente eran criminales y es lo que nos queda.

Tenemos mucho que decir solo porque contamos con procesadores de texto a la mano y las habilidades literarias básicas necesarias para colocar un par de letras consecutivas que formen textos que medianamente cobran sentido.

Pero en algún punto hay optimismo, o debería de haberlo al menos; solo tenemos que esclarecer que no importa el número de sacrificios que uno haya hecho, no importa qué tanto dejamos atrás o las cosas de las que nos limitamos, nada de eso importa honestamente; somos el resultado cómico fatídico y experimental de un montón de sinsentidos y variables externas; por lo tanto, no esperemos por nada del mundo que las cosas sean como quisiéramos; y a pesar de todo, hay que intentarlo.



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 Me sentí traicionado por mi propio juicio, ante la súbita idea de creer que era lo mismo que antes, cuando no; hoy todo está perdido, no importa cuánta pasión le metas al compromiso seremos víctimas circunstanciales de la inercia de las cosas. ¿A poco sigues sin darte cuenta de lo que ocurre?

El eco de la desilusión resuena en mi mente, cada decisión tomada se convierte en un reflejo amargo de mis errores pasados. La esperanza que una vez iluminó mi camino ahora se apaga lentamente, consumida por la realidad implacable de los días grises. A pesar de los esfuerzos y la dedicación, el destino parece empeñado en arrastrarnos hacia un abismo de incertidumbre. ¿Realmente no ves cómo el mundo se desmorona a nuestro alrededor, sin piedad ni pausa?

Cada suspiro cargado de nostalgia es un recordatorio constante de las promesas rotas y sueños no cumplidos. La vida, antes llena de vibrantes posibilidades, se ha convertido en una danza tediosa y predecible de decepciones. Nos encontramos atrapados en un ciclo de inevitables derrotas, sin importar cuán ferozmente luchemos contra la corriente. ¿Acaso sigues ciego ante el desenlace inevitable que se avecina, mientras el tiempo se escapa como arena entre nuestros dedos?

Al final hacemos lo mismo, estamos programados y predeterminados contenidos en una esfera que dicta nuestros límites. Claro, tú puedes venir aquí y refutarme lo mucho que has cambiado, todos los logros que has conseguido; sin embargo, cuando analizamos las cosas, eso ya estaba previsto.

El anonimato es un lugar lúgubre y solitario, donde muy pocos quieren estar; hay constantes dejos de amargura entre los interlocutores, muros rotos, sueños y juicios por igual. ¿Qué está pasando que un día despierto a las cuatro de la madrugada sintiéndome fatal y al siguiente tengo la fortaleza y energía de un toro? Fácil, yo supongo, son las mellas del envejecimiento.

Morir no es sencillo, pero es la sentencia que nos ha colocado esta humanidad desde el momento mismo en que respiramos y abrimos los ojos. Pensar en la muerte es una de la motivaciones que todos deberíamos tener siempre presente, al momento de engañar a alguien, al momento de hurtar o maldecir, al momento de traicionar el corazón ajeno, al momento de pensar en destruir.

La vida, en su esencia, es un ciclo de contrastes, un reflejo constante de la dualidad que nos habita. La fragilidad de nuestra existencia es a menudo el recordatorio de la impermanencia que nos define. Cada amanecer es un testimonio de nuestra capacidad de renacer, de encontrar en nosotros mismos la fuerza para seguir adelante a pesar de las adversidades.

En la lucha diaria por mantener nuestra humanidad, enfrentamos el dilema de nuestras propias imperfecciones. "Qué estoy haciendo" y "por qué soy así" son un par de preguntas que nos persiguen hasta el cansancio, y sabes qué, no se resuelven. Reconocer el fracaso y la muerte, no como una sombra amenazante, sino como un recordatorio de la finitud de nuestras acciones, nos insta a vivir con tanta integridad y honor como nos es posible.

La vida, entonces, no es solo un recorrido hacia el inevitable final, sino una oportunidad para construir, para amar y para ser mejores, ¿o no?. En ese entendimiento, hallamos la paz y la fortaleza para enfrentar cada día con el valor y la esperanza necesarios para trascender nuestras limitaciones y dejar una huella significativa en el mundo que nos rodea.



 —"Alexa, pon una alarma a las seis de la mañana". —"Nueva alarma puesta para mañana a las seis de la mañana". Tomé una decisión, madrugar, ¿será posible? No lo sé. A como han venido sucediendo mis días, con todo este embrollo de pendientes dandome vueltas en la cabeza y ataques de ansiedad que me roban el sueño, basta experimentar.

Por ahora, el plan es alejarme de los dispositivos electrónicos con pantallas lo antes posible en la noche, y como se imaginarán, dejar el celular a una distancia considerable es una de las primeras medidas que he tomado. Es cierto que estoy escribiendo en este momento desde mi laptop mientras estoy acostado en mi cama. Espero pronto publicar y no pasar más de quince minutos acá.

Nunca he entendido por qué, la ansiedad, siendo una especie de horror hacia lo desconocido, puede tanto con uno. Los ejercicios de respiración profunda son parte de las herramientas recomendadas por especialistas, con la vida acelerada teniendo tantas responsabilidades, recibiendo decenas de llamadas interminables diarias, es realmente algo muy difícil darse unos minutos para respirar.

El plan de levantarme temprano es salir a caminar un poco, los calores actuales y horarios laborales me han vuelto complejo hacerlo al salir de trabajar, obviamente hay veces que he sido yo mismo y mi falta de ganas y autocontrol quien termino saboteándome; pero por lo general, al menos en meses recientes, la carga laboral y dinámicas tóxicas dentro de la empresa han sido demasiadas.

Otro de los temas a considerar (al menos en mi caso particular) es un cambio determinante en cuanto a la alimentación. Este tema se convierte en un círculo vicioso, porque la obesidad provoca preocupación, la preocupación causa ansiedad, la ansiedad afecta los ciclos del sueño hundiéndonos en agotamiento y destruyendo los buenos hábitos alimenticios, los malos hábitos en consecuencia provocan que uno se mantenga obeso. Me fastidia demasiado, la verdad, pero hasta que no haga algo que defina un aquí y ahora como punto de partida, seguiré tambaleándome mental y físicamente.

Hacer ejercicio, alimentarse bien, dejar actividades perjudiciales y no guardar resentimientos, son básicamente las herramientas escenciales para un cambio radical en la vida. Hay que trabajar en diversas áreas. Tengo la expresa e imperiosa necesidad de convertirme en una versión mejorada de mí. Si quiero fructificar como individuo, si quiero atraer a un tipo de personas específico, tengo que trabajar en lo que ofrezco, y eso no es nada sencillo. Pero lo conseguiré.

Me siento agradecido; en primer lugar por la dicha de seguir aquí. También porque a pesar de haber cruzado tiempos oscuros y momentos trágicos, esas penurias no se han convertido en estandartes de vida, sino que las tengo ahí, como un recordatorio presente nada más de que se puede ser mejor persona.

En este momento quiero firmar un acuerdo más conmigo mismo, con Carlos, pidiéndole perdón por no haberlo tratado de la mejor manera como es que se merece, y por haberlo dejado caer física, mental, emocional y moralmente en más de una ocasión; quiero pactar con un alma sincera y un corazón honesto lleno de amor, amor propio y amor para brindar. Soy bendición y dicha, soy excelencia, bondad, generosidad, templanza, prudencia, valor, integridad, resiliencia, fortaleza, constancia, perseverancia, compasión, humildad y amor.



 Burnout. Estuve a punnto de uno. Anoche la ansiedad me agobió y decidí mejor no conectarme a trabajar hoy. Si pudiera entrar desde mi laptop personal a los equipos de la empresa, no volvería a utilizar aquella horrible computadora. Que se sobrecalienta, que tiene un teclado incómodo, que para lo único que sirve es para conectarla alámbricamente a un par de monitores externos.

Uno se acostumbra a sus herramientas personales, no es un tema de tal marca contra tal otra, es simplemente que estoy demasiado acostumbrado a usar mi máquina actual. It is what it is. Además esta cosa la tengo llena de comandos y atajos para mis necesidades, herramientas que por temas de logística corporativa, en los equipos que te entregan no se pueden configurar, un horror.

En la multiplicidad de errores se podría decir que se nota quienes somos, sobretodo cuando no hay realmente quién nos jale del otro lado; me gusta creer que en medida de sus posibilidades, vivimos mutuamente empáticos y nos llevamos a lugares mejores. No siempre sucede, no toda la gente es abiertamente bondadosa y generosa, muchos, por el contrario, protegen con celo cualquier cosa que tengan, llámale conocimiento, potencial financiero, talento, etcétera.

La sensación de insatisfacción me sigue, no me deja en paz pensar que puedo estar haciendo un montón de cosas, y en lugar de ello, tengo la absurda idea de enfrascarme en el corporativismo, como si me aportara algo. La comodidad que ofrece, una vez que lo analizas, es realmente parte de la misma infraestructura, rentas elevadas dentro de la zona que te agrada, aires acondicionados porque el calor es terrible, consolas de videojuegos pues hace falta la indumentaria recreativa, libros y más libros.

Sabes que eres capaz de ser feliz en un espacio no mayor a un área de tres por tres, y sin embargo, un par de pisos te vienen mejor, o al supuesto presupuesto que representas, pues claro, después de cierta edad y "méritos" la gente espera ver de ti más y mejores condiciones, ¿para qué? Cuando eres simplista, cuando realmente no necesitas todo eso, algo está pasando, obviamente recurres a encontrarte con una verdad trágica, no solamente es una escalera sociocapital, es una cárcel que te contiene.

La miseria nos agobia, ¿cuánta gente habrá allá afuera presumiendo lo bien que le va en la vida cuando realmente están siendo constantemente destruidos por dentro? Asumo, demasiados, incontables. Y no, no estoy en contra de hacer lo propio por "salir adelante", estoy en contra de la idea que perpetua que tu valor va de la mano de lo que puedes conseguir. Esta vida es una broma absurda, hay que reconocerlo.

A veces parecería que solo estamos acá para ver quién tiene el mejor jueguete, llámese juguete desde cualquier posesión tangible hasta una habilidad o compañía de elección; la determinación nos hace matarnos por ser mejores, competir hasta detestar, y todo para darnos cuenta, que eso en función de nada realmente tiene sentido. Necesitamos abrazar nuestra soledad tranquilamente, agradecer por el solo gusto de ser y estar, sin importar circunstancias, sin importar si llegamos a donde previsualizamos.



Burnout

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 Burnout. Estuve a punnto de uno. Anoche la ansiedad me agobió y decidí mejor no conectarme a trabajar hoy. Si pudiera entrar desde mi lapto...

 Una cabeza, un Universo. Me fastidian algunos teclados, o la distribución de ciertas teclas, tengo que confesarlo. ¿Por qué hacer el Enter más pequeño? Así está bien, es más funcional y lo encuentra mi meñique derecho de manera más fácil.

Vuelven las caminatas al aire libre, qué horror son estos días calurosísimos, estamos haciendo mucho daño al planeta. Bueno, no necesariamente nosotros, las inmensas corporaciones que no dejan de consumir cuanto recurso se encuentre (ya sé, escribiendo en mi Mac utilizando la red compartida de los datos desde mi iPhone mientras bebo un Refresher de Mango Dragon Fruit con base en limonada en Starbucks es irónico, lo es).

Siempre he dicho que soy alguien de gustos simples y sencillos, televisiones con sus respectivas consolas de Sony y aire acondicionado en mi habitación; ésa es mi absurda forma de describir la simplicidad en mi vida. Eso y reducir mis salidas a lugares en los que cuente con aire acondicionado porque qué terrible es sentir el solazo derritiendo mis ideas.

Hacen treinta y seis grados afuera, considerando que acá no es tan húmedo como en otras ciudades, lo que se percibe duro es el golpe del sol en la piel; volviéndose forzoso el uso de bloqueador en el día a día, y a mí que me gusta andar de playeras negras, ya imaginarán. Hace rato fui al cine y al regresar a eso de las tres de la tarde a casa me dije: "No vuelvo a salir a estas horas, uno llega frito con este sol", haciendo énfasis en que las fritangas se preparan con grasa, obviamente.

Necesito la membresía a algún club exclusivo con albercas y jacuzzis, o un Casino, por ejemplo, seguro que ahí tienen aire acondicionado, ¿será muy caro pasar unas cuantas horas en esa clase de sitios durante el fin de semana? O sea, no tengo conflicto con estarme en mi cuarto, pero me queda claro que salir, aunque sea un poco, me hace bien. Todo esto para que "las horas de luz" sean menos en mis intenciones de ir a la calle a caminar un poco, todo bien con la vitamina D, pero no quiero experimentar dolores de cabeza solo por la exposición al señor bola de fuego en medio de nuestro sistema.

Asumía, en mi camino de regreso hoy, lo favorable que sería en este contexto tener un coche. Digo, podría ir del punto A al B sin el ingrato fastidio de los rayos solares qumándome la capa de los sesos. Lo pensé, lo reconocí y en una de esas me hice una especie de compromiso para cuando sea posible, optar por algo para mí. Ya sé que quiero un Tesla, pero las finanzas no van como se especulaba a inicios de año. Como en su momento dije, perdí al que era mi segundo mayor ingreso y el que solía ser el tercero ha estado claudicando con la facturación, así que ese plan a menos que me saque una lotería en la que no participo o de buenas a primeras me transforme en un oráculo de las finanzas, se va a tener que postergar, lo siento Carlos, sé que lo intentaste.

En los días habituales de trabajo (entre semana) me doy cuenta de lo prolífico literariamente que podría llegar a ser si me tuviera la confianza necesaria y no me aterrara la idea de ser una figura visible. Muy pocos saben que dentro de mi corazón, acaparar groseras cantidades de atención fue lo que en primera instancia me incomodó cuando bajé demasiado de peso y tenía un aspecto más saludable. Ahora quiero volver a ese camino, por un tema enteramente de salud, soy viejo y por consiguiente menos atractivo, estoy en paz con mi mente y cuerpo, estoy agradecido con mi corazón. Toca darle.



 La vida no puede y no debe de ser difícil, hay que quitarnos de encima esa mentalidad que nos mantiene permanentemente sometidos. Tenemos que aprender a disfrutar cada momento de la misma, a dar todo de nosotros cuando se pueda, a saber seleccionar aquello que nos agrada y funciona, a ser, en términos mundanos, más convenecieros.

Le doy a mi cabeza vueltas desde hace un par de horas, como pueden ver, es de madrugada y otra vez no puedo dormir; he conseguido la clave para hacerme sufrir por lo visto, ya que el día que la utilizo simplemente impacto mi capacidad de sueño y me quedo un tiempo extra repensándolo todo.

Desde la existencia misma y su efímero potencial hasta en qué punto estoy atascado en este momento y por qué tengo la impresión de no poder más. Las cosas se apilan, las responsabilidades y los retos personales, el trabajo se pone pesado y complejo, el entorno se nubla, los músculos se tensan, las deudas se acumulan y la energía se ve mermada.

Antes había diez cosas por resolver, después fueron cientos, ahora son miles o quizá millones de ideas que se revuelven en la azotea. Por más que me repito el mantra de: "Respira, es solo un mal día, no una mala vida", se siente que se posterga esta sensación; además me falta liberar la tensión, porque todo cuesta, trabajo, tiempo, dinero, entrega, compromiso.

Me siento pequeño, minúsculo si así lo quieren considerar, cuando me veo a través de los ojos más críticos que llevo conmigo. Y ahí está el verdadero problema, autoestima menguada, falta de apreciación del presente, nula plenitud a la vista. Todo esto parece una especie de culpa que ha crecido sin dejarme en paz. A veces pienso en cosas tan pasadas como el hecho de que mi hermano no esté más con nosotros, o en cosas tan absurdas como que he entrado tarde a alguna llamada.

En mi determinación, ha faltado enfoque. Queriendo alcanzar muchas de mis metas, crecer en demasiadas áreas, he descuidado o dejado un poco de lado aquellas en las que podría decirse que soy más virtuoso; ya saben, aprender, producir, escribir. Ha sido un contexto difícil en cuanto al plano laboral, porque siento que no me valoran como deberían, y parte de mí exige que me salga de ahí, que busque por otro lado, que no es suficiente lo que me están brindando y ofreciendo.

Pero una parte más sensata me invita a esperar, me calma razonando con mi pensamiento para caer en cuenta de que las cosas afuera no están como para mandar todo al traste. Entonces vengo aquí a desahogarme, a decir que estoy cansado, pero no puedo dormir, estoy otra vez sobrepensando en lugar de cerrar los ojos, y al mismo tiempo caigo a confesar que estoy agradecido de que me ocurra en la madrugada de viernes y al tener el fin de semana tan cerca, podré recuperar este sueño pronto.

Todo el tiempo teniéndole pavor a salir del anonimato. Consciente de que si expongo el potencial puedo hacer e involucrarme en cosas formidables. No únicamente hablo de las letras, aunque ese sería un buen territorio para empezar a cuestionar y determinar una vía hacia lo que quiero. Recuerdo cuando hace años, hará unos doce atrás, al menos, yo ya jugaba con millones de números en las posibilidades, ya entendía el accionar de la viralidad y me daba cuenta del potencial del mismo, pero eso de reducir mi confianza, o dejarme tumbar moralmente por la negatividad, eso ha sido el verdadero rival a vencer. Pues con sensación de plenitud, abrazo la factibilidad y certeza de que todo lo que me proponga es posible. Debo de empezar a hacerlo, alimentar el alma, mientras el cuerpo se pone a dieta.



 Estoy harto, una vida repleta de miserias, por más vueltas que le dé, parece ser en lo único que me enfoco, criterios descartables aparte, sé que las cosas no suceden de ese modo. Me envuelven las conmiseraciones, tratando de resolver en el momento mismo que suceden, voy despacio, el mundo está saturado de fracasos, no sufras más.

Decidí dejarlo todo, todo aparte, abandonarlo, reconstruirme desde una óptica que hace tiempo no intentaba, desde el interior, desde los cimientos, pieza por pieza, tal vez parezca y al final resulte ser un ejemplo de burla, pero así funciona la vida, reestructuras, cambios, aceptaciones, penurias, goces, glorias, seis, siete, ocho, nueve figuras.

"El dinero no lo es todo", me repito constante, está bien hacer suficiente, está bien hacer bastante, está bien hacer demasiado, cincuenta mil, cien mil, doscientos mil, trescientos mil, quinientos mil al mes, lo que venga es bueno si se le da un uso correcto. Ya basta de satanizarlo, es para disfrute también, que la vida sea simple, puede venir de hecho de la mano de eso.

O no sé si lo creo, tal vez estoy recapacitando, los números puede que solo sean eso, y estoy acá, dándole un peso monetario a lo intangible, la conmoción, la tristeza, unos cuantos minutos de dicha y placer, todo eso podría, en el Universo capitalista, tener un símbolo de moneda particular a un lado, y así, teóricamente, si se puede medir, se puede mejorar, ¿o cómo era?

Olvidé mi libro en casa, me traje uno que ya he leído antes, tengo más, puedo abrir la aplicación de lectura directamente desde la computadora, pero no quiero, esta sensación de decepción anoche no me dejó dormir, no fui a trabajar, no quise, no podía, no sabría cómo aguantar en pie el turno completo, mis manos se mueven suavemente sobre el teclado tirando palabras constantes una después de la otra, mis ojos fijos en la nada al hacerlo, "Science Fiction" de los Arctic sonando en mis audífonos de fondo, milagros se necesitan, sorpresas positivas quiero, ya estoy harto de no ser el favorito del Señor.

Entre las frases que emanan mis dedos, me distraigo un poco, levanto la mirada cinco grados, ahí está, justo en el lugar que yo acostumbro, lindas cejas, ojos oscuros, concentrada en su Mac Book Pro un poco más vieja que la mía, con un sticker de un corazón con ojos, qué idiotez, un corazón con ojos, con sus AirPods puestos, da un sorbo a su latte, al igual que yo está bebiendo uno de esos. Al parecer viene del gimnasio, lo noté en su cuerpo trabajado, o algo así, cuando percibí su presencia. De negro, linda sonrisa, el punto en su mentón le genera mayor atractivo, ¿qué tendrá, 24, 25 años? Quizá. Es muy bonita a mis ojos, quizá porque mis ojos están ajenos a particularmente esa clase de belleza.

Ojalá me diera la vida, la energía y las ganas para ir al gimnasio, sé que mujeres así seguramente me encontraría por allá. Aunque, ¿qué les diría? No me las doy de muy atractivo, y si así fuera, me paso tanto tiempo en la instrospección y en el propio yo, que difícilmente tengo algo que ofrecer a alguien de tan hermoso ver. Qué piernas más firmes, Dios mío.

Perdón, me distraje, estaba hablando de lo ridícula que es la existencia y el mundo en general, de lo efímetra que resulta nuestra estadía por acá y lo poco que podemos realmente conseguir cuando no hay motivación verdadera, como la preciosidad de pelo lacio, castaño y piel blanca, perfectamente cuidada como la que está frente a mí en este mismo momento.



Estoy Harto

Por
 Estoy harto, una vida repleta de miserias, por más vueltas que le dé, parece ser en lo único que me enfoco, criterios descartables aparte, ...