Pies

Los pies, un par de extremidades extremosas que en sus manías a veces nos duelen, vale decir que me duelen en este momento, será cansancio, será flojera, será que ya las cosas a punto de cambiar están. Esperemos para bien, el mérito de lo que eres o soy, o somos, estando aquí, tal cual, no sé, ni sabemos, perder la cordura es situacional orientación de las claras y falsas o a veces obvias cuestiones en las que nos enfrascamos.

Finalmente he dejado de ver el punto verde que mencionaba su presencia, ni hablar, estamos muertos uno para con el otro, lamentable, deprimente, casi para llorar sin hacerlo; entender la realidad en esta vasta experiencia de lo falso es no entender nada, ¿puede ser así posible?

El lujo de no tener la posibilidad de usar una o más letras del teclado es, o no, hoy estoy entre unas encrucijadas que no me comprendo, pero sí, es así, como algo que fascina, encanta, no, no siempre, pesa no poder escribir todas esas palabras que usan dicha tecla.

Más ahora que antes extrañar es parte de mi propia opinión, ser y estar en el círculo de lo que nunca fui ni donde nunca estuve podría ser algo doloroso, pasional, probablemente un poco romántico de antaño, pero es, es lo que es, lo que se me ha permitido ser.

Y las piernas siguen con su malestar mientras tú, viendo la deliciosa y desnuda alma poseída por la duda, llamas a tus partes cual mensajero al último ser en pie de un pueblo; sí, parodias ochenteras aparte, el asunto es bueno y dadivoso. Colorear el estilo y las peculiaridades de los alrededores es a nosotros, un saludable proceso de existencia lógica y brillante.


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