Rusa

Algo me pasó hoy que les contaré a modo de minicuento:

Desde el primer momento que la vi, esa rubia de cabello corto me robó un suspiro. Es verdad que he confesado que no salgo mucho, por lo que me cuesta trabajo encontrarme por la vida mujeres atractivas comúnmente, pero las cosas cambiaron esa tarde, no solamente por que compartíamos el rumbo de nuestro andar, sino porque siempre he pensado que imaginarme a una persona sin cabello es la manera de descubrir si me parece realmente o no atractiva.

Estuvimos así durante cuatro o cinco cuadras, a quizá unos treinta metros y una calle de distancia (porque he de reconocer que para no parecer un personaje acosador, si una mujer anda en el mismo sentido que yo, procuro rebasarla o cruzarme para brindarle un poco de seguridad); pero la dama seguía por el mismo rumbo que el de un servidor, girando en la misma esquina que yo habría de girar, esperando junto al mismo semáforo.

Unos instantes después ahí estaba, ingresando al mismo edificio que yo. Me sorprendí porque no la había visto antes. De esa manera transcurrió el día y le confesé a mis compañeras que ese día la sola presencia de una muchacha guapísima que compartió la misma ruta que yo me había alegrado la mañana.

Más tarde ese día la vi de nuevo, se encontraba afuera del penthouse, justo frente al espejo unidireccional cuyo reflejo daba a mi escritorio. Sonreí, les comenté de nuevo a mis compañeras para que concordaran conmigo que efectivamente era una güera atractiva. "Seguramente no es nacional", comenté. Podría ser francesa o algo así.

Piernas gruesas como robles, formadas por el ejercicio, genes bruscos y dominantes, mirada profunda, rostro reluciente ante el baño de los rayos solares. Al tiempo se retiró nuevamente; pero habíamos llegado a una conclusión clara: trabajaba ahí, no sabía en qué piso, no sabía en cuál empresa, pero sin duda era nueva en el edificio y la estaríamos viendo regularmente.

Los días pasaron y aunque la vi un par de ocasiones, me parece que fueron súbitos y fugaces encuentros; debido a que me cambiaron de oficina, mis horas habituales en la anterior ubicación se redujeron considerablemente. Estaba bien, no había lío, el único punto a lamentar es que probablemente vería mucho menos a la que a mi parecer, era la mujer más atractiva en el lugar.

...

Hoy decidí usar traje para ir al trabajo. Tenía ganas y la ropa limpia, nada me lo impedía; además estaba el hecho de que mañana no hay necesidad de usar corbata, por lo que decidí darme el gusto. Día normal, realizando labores interesantes, aprendiendo un poco más, todo tranquilo.

Del mismo modo al volver a la otra oficina actividades regulares (la que se encuentra cerca de mi casa, en la que solía estar antes), un poco de código por aquí, un par de correos por allá. Listo, es hora de irse, me encamino al elevador del penthouse como antes mencioné, presiono el botón de planta baja y me volteo acercándome un paso a esperar a que se abran las puerta. Avanza un piso, avanza dos pisos y el elevador se detiene.

Me había retirado la corbata y la coloqué en el bolsillo derecho de mi pantalón, dejando que una parte de la misma quedara colgante. Se abrió la puerta del elevador detrás de mí, pasos de una persona ingresando:

"Hola", me dice. "¿Ahí se usa la corbata?" Di media vuelta y ahí estaba, la fascinante chica de la que va toda esta historia. Dudé un poco (pues es bien sabido que me pongo nervioso cuando la belleza de una mujer me impresiona, perdón). "Ah, hola. No, no se usa ahí, pero me la quité porque ya me había cansado." Dije retirando la corbata de mi bolsillo e instantáneamente ofreciéndosela para que la tomara de mi mano. "¿De dónde eres?" Pregunté. "Soy de Rusia", respondió. "Te ves muy bien de traje", dijo al momento que las puertas abrieron de nuevo en nuestro piso de destino.

Para lo único que me alcanzó el aliento fue para decirle: "Muchas gracias, buenas tardes", previo a invitarla a salir adelante y regocijarme por dentro durante unos minutos tras no haber pasado desapercibido ante su criterio. Y ya está, lo único que me quedaba por hacer era celebrar en mi interior y venir felizmente a contárselo a alguien; tal vez nadie lo lea o quizá parezcan meros churros sacados de mis anhelos más profundos; pero al menos en mi mente y corazón queda el recuerdo de cómo una hermosa mujer rusa hoy me vio atractivo.