Mostrando las entradas con la etiqueta mi lugar seguro. Mostrar todas las entradas
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 "Un hombre fácil de satisfacer", una amiga le decía a otra acerca de mí hace unos días. La frase hizo un poco de ruido; no molestia, sino interés y, después de varios días de darle vueltas, agrado.

Porque significaría que tanto mi personalidad como mi estilo de vida permiten aproximarse a mí con cierta comodidad, sabiendo que no tengo la piel tan delgada ni las esperanzas puestas en otras personas. No se malentienda, no lo digo a modo de reproche. Al contrario, como dije al inicio, me agrada saber que soy alguien sencillo.

Dicho lo anterior, he vuelto a la ciudad y empecé a sentirme extraño anoche. Estoy echándole la culpa a los tacos que cené; alguna de las salsas pudo haber tenido algo que ver. Hoy evitaré eso. Evitaré cualquier cosa que aparente tener un efecto negativo sobre mi comodidad. También está el hecho de que la casa se siente como un lugar desordenado y sucio después de más de una semana fuera. Tiene todo el sentido del mundo.

Reorganizar tu vida para volver al camino de la mejora es difícil, sobre todo cuando hay miles de razones que podrían considerarse estresantes y frustrantes alrededor. No me termina de quedar una aplicación, por ejemplo, y mañana tengo que presentar el prototipo. Esa frustración termina reflejándose en mi desagrado general.

También falló una herramienta que programé para mí mismo, de la que hablé hace un par de publicaciones. Necesito hacer debugging y arreglarla, pero por ahora hay otras prioridades, así que toca esperar con paciencia.

Aunado a los temas anteriores, llevo días sin completar mi cuota de caminatas. Parte por el calorón de Colima, parte por las nulas ganas de moverme durante esos días de "vacaciones" y parte por la sensación general de sentirme bien mientras me desvelaba y comía lo que quería estando por allá.

De hecho, lo comenté hace algunas publicaciones aquí mismo: estirar la liga se sintió un poco como liberarme de otra clase de estrés que ni siquiera estaba teniendo en cuenta.

En fin, mi día, como podrán imaginar, no empieza en las mejores condiciones. Pero para mi dicha, al rato tendré de visita a mis padres. Estarán por acá hasta el fin de semana acompañándome y ayudándome a revivir mi casa, tema que considero crucial en estos momentos.

Mientras le doy un sorbo a mi bebida escucho a un hombre sentado en mi lugar habitual comunicándose en inglés y me pregunto si seguiré teniendo la capacidad de hacerlo con fluidez ahora que llevo varios meses sin sostener conversaciones habladas. Espero que sí.

En casa, en este momento, tengo un modelo ejecutando una serie de instrucciones que sigue sin conseguir entregar algo completamente funcional y, quieran que no, mi cabeza da muchas vueltas alrededor de los conceptos que quiero que sea capaz de comprender y resolver.

Creo que, de alguna manera, todo este entorno de pensamientos encontrados, sensación de dificultad e inercia acumulada por los días pasados termina convirtiéndose en una especie de carga sobre mis espaldas, una de la que debo encontrar la forma de desprenderme.

Porque parte de mí, a veces, simplemente quiere mandar todo a volar y dedicarse a estar aquí, en mi lugar seguro, escribiendo, disfrutando de la vida, observando pasar a la gente y sus interacciones, haciéndose parte del entorno local. No como un elemento decorativo, sino como un proyecto de libertad, salud y consciencia plena; alguien agradecido por lo generosa que puede llegar a ser la existencia con él.