Enfrentamientos

¿Qué les puedo decir que no sepan ya? Me he tardado mucho en escribir porque había estado poniéndome al día con mis lecturas. Dedicarle tiempo a leer tal vez no nos vuelve mágicamente mejores personas, pero si lo hacemos gustosos, podríamos entender un poco más lo que sucede alrededor, y la capacidad de comprender a otros mis queridos amigos, para mí, es automáticamente una forma de estar mejor con nosotros mismos y con lo que nos rodea.

Ha sido un periodo de tiempo de adaptación complicado; difícil en el sentido de reconocer fallos y trabajar sobre ello, no porque los demás me lo impidan. De hecho, he llegado a darme cuenta que cada una de esas veces que he reprochado con argumentos probablemente factibles los sucesos no positivos que me rodean, solo han sido justificaciones de una mente frustrada hablando.

Gracias a lo anterior tuve a bien acercarme a la única persona que sin importar en dónde me encuentre estará conmigo, ponerme a cuentas y explicarle lo mucho que me aterraba quedarme sin nadie más. Descubrí entonces que esa incomodidad tenía nombre y apellido, pues era yo mismo. Había que trabajar en aceptarme y reconocer mis fallos, pero ya no como reclamo, ni como excusa, más como una distinción de tanto aquello que estaba mal en mi camino como lo que había resultado en algo positivo.

Me regalé una sonrisa y el gusto de un par de palabras de aliento: puedes estar extrañando a todo mundo, me dije. A tus amigos y familiares. Pero sabes, esto que haces es agradable si quieres eficientar tu funcionar; atrás que queden las promesas vacías y los sueños inalcanzables, es momento de observar en dónde estás parado, tomar la lección contigo, brindarte un poco de afecto y dar pasos.

Nuestras luchas más violentas las tenemos cuando nos enfrentamos a nosotros mismos; la explosión de los complejos, la definición de las debilidades y la exposición de los defectos no tienen la misma intensidad para el ojo ajeno que para el propio; de hecho, he conocido gente a mi entender perfecta que emite juicios desgarradores para sí, impidiéndole sentirse en plenitud como consecuencia. Tranquilos, hay que relajarnos, recordemos que desde que llegamos aquí, el andar de nuestro ser interior es de continuo a mejorar. Y el peso de la depresión y ansiedad, no son otra cosa que alertas inminentes cuando parece que no le hacemos caso.