Murmullo

Y el murmullo del océano durante la noche hacía que su presencia fuera inolvidable; tomado de su mano supe que no quería volver a fallar, pues hacía que mi corazón latiera impetuoso solo su presencia.
El paso del tiempo nos hizo comprender que la sensación aquella era solo un pasaje. La volví a ver; con la misma mirada intensa desnudó mi alma, al momento me supe sin fuerza, hundido en una inexplicable calma.
—Hola, hace mucho que no sé de ti. —Dijo, mientras ocultaba una sonrisa tímida entre el mechón de pelo colocado sobre sus labios.
Hubo silencio. Ojalá mis fuerzas dieran para pronunciar palabra, pero estaba helado, pasmado, frío. El dolor constante de espalda me recordaba todo el camino que hube de andar para conseguir perdonarle, aceptar su ausencia, para finalmente liberarme años atrás, y sin embargo, su simplicidad en ese instante redargüía las fibras más sensibles de este corazón afligido. Con un hilo de voz me alcanzó únicamente para pronunciar un par de palabras:
—Te extrañé.