Atormentadoras Aguas

 Me piden que escriba, cuando me siento incapaz de hacer cualquier cosa que me pueda ayudar a salir adelante. Mis oportunidades de ser mejor desaparecen lentamente, y me atraviesa el cuerpo la idea de ser uno más del montón, en la próxima oportunidad que se me presente, sin lograr nada por mi cuenta, funcionando únicamente como otro mono (monkey) en el ensamble de producción de la gran maquinaria que es cualquier empresa que me de cobijo y me brinde la oportunidad de generar para pagar pendientes.

Así es, probablemente se avecine un futuro a corto plazo en el que estaré en un lugar en el que las capacidades cognitivas no sean requeridas y únicamente esté ahí presionando botones de manera sistemática; sin analizar, sin desarrollar, sin pensar; pues mis bondades empíricas dan la impresión de estar muchísimo más lejos de lo que la media en mi ramo representa.

¿Qué se siente estancarse en un mar de frustración y limitaciones durante un viaje con rumbo hacia el éxito? Es terrible. Como título de Easton-Ellis, "less than zero", cada detalle invertido en alcanzar tu cometido es un giro en el propio eje, al tiempo que envejeces, tu cuerpo se empieza a deteriorar por la pésima calidad de vida y te lamentas cada segundo por los errores cometidos que no permiten que liberes tu pensamiento y empieces a producir.

Además, con tantas obligaciones por cumplir, tantos métodos que realizar a rajatabla, tantas reglas que obedecer, únicamente te queda pudrirte en el olvido. Despreciado, sin aliento ni esperanzas, y solo, completamente solo... Porque aquello que más te horrorizaba se volvió el fantasma que te acecha cada noche y se roba tus sueños, ese mismo que te muestra en la mañana cómo va muriendo tu entusiasmo creativo poco a poco. ¿Y qué será de mí? Te preguntas todo el tiempo. Si acaso mi condena fuera en prisión, tendría el privilegio de contar los años que me faltan hasta que se cumplan mis días de castigo y algo disruptivo suceda conmigo al volver a la libertad. Pero vivir dentro de esta cápsula de decepción, sin capacidades óptimas para utilizar las herramientas que me rodean, sin aprender nada nuevo con la astucia necesaria para hacerme suficiente y dar verdaderos pasos, solo es veneno. Un veneno que acaba con cualquier ilusión que alguna vez hube tenido.

Ni siquiera se me dan las letras como en algún momento lo anhelé, convirtiéndome lentamente en un bulto inerte de porquería; hasta en eso era mejor el escarabajo en el que terminó Samsa. ¿Qué pasará conmigo? La incertidumbre y la duda me hieren cada día, no tengo idea, de verdad, no lo sé. Me consumen deudas conforme pasan las horas, y no he sido capaz de producir un céntimo más de suficiencia. Cualquiera con algo de ego diría: "Hey, hago lo propio; estudiar, prepararme y seguir aplicando", pero la verdad mi caso, en esta ocasión se siente diferente, es como si cada día atravesara un juicio que se reinicia una vez finalizado el anterior en el que continuamente salgo culpable de todos los cargos.

Y con esta culpa en mi alma, este dolor apretándome el pecho, este autodesprecio ante mis limitadas capacidades y este peso enorme que supone existir en estos tiempos; las microdosis de veinte minutos redactando son una necesidad de escupir un poco de este desagrado y frustración, para poder seguir pataleando a la mañana siguiente contra corriente en las atormentadoras aguas del gris entorno distópico en el que se encuentra sumergida mi mente.