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 Asociamos el estado físico de una persona con su nivel de atracción y amor propio. Sin saber qué ocurre realmente, emitimos juicios desde nuestro criterio y los filtramos hasta volverlos grises para evitar la incomodidad. No hablo por todos cuando digo eso. Lo menciono por mí, por cómo me hace sentir el entorno y por cómo, de alguna forma, también termino comportándome sin darme cuenta.

Sucede mucho dentro de la psique: cuando hay algo que nos desagrada, tendemos a sacarle la vuelta. Puede ser una tarea, un conflicto, un lugar o una persona; da igual. Nuestro cerebro tiene la capacidad de filtrar información y crear atajos que faciliten la vida. Toparse de frente con eventos que considera non gratos hace que actúe desde la defensa y active mecanismos para que el flujo avance rápido.

Dicho eso, entiendo por qué no fui bien atendido las últimas dos veces que fui a ese restaurante que mencioné hace algunos días. Mi estrategia está a punto de cambiar a partir de hoy. Primero quería hacer que me aceptaran y me trataran bien a punta de asistencias, constancia y carisma. Eso ya no va a pasar. Ahora se volvió un reto personal. Haré que mi presencia deje de pasar desapercibida, no desde la confrontación, sino desde la persona en la que pienso convertirme. Sí, trabajando la parte carismática, pero también elaborando en el área física y en el estilo para dejar de ser un ente sin color cuando llegue a un lugar.

Me queda un largo camino por recorrer, porque la parte del “cómo me ven” es algo a lo que no suelo prestar demasiada atención. En un inicio, mi enfoque estará colocado en “cómo me siento”, que es lo más importante. Resolver algunos conflictos internos antes de siquiera poner un pie de nuevo en esos lugares. Y cuando hablo de lugares, lo digo en general. Mi cuerpo es el proyecto más importante que tengo y el único que me va a acompañar hasta el final. Merece que lo trate lo mejor que pueda y que lo ame mucho.

Redefinir una dinámica de vida requiere tiempo. Hace un par de meses intenté algo en lo que todavía fallé la semana anterior. Bueno, así es la vida. Uno hace planes, desea conseguir cosas, pero la voluntad es débil, la carne falla y nuestra humanidad sale a flote para exhibir las debilidades que cargamos dentro. Por eso espero no ser juzgado si mañana mismo vuelvo a escribir que he claudicado, porque aunque no es mi anhelo en este momento, soy consciente de que una mala decisión en el camino puede destruir cualquier obra en construcción. Pero eso no significa que vaya a quedarme tirado ahí. Veré la manera de reiniciar si sucede. Lo prometo.



Amor Propio

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