De Una
"De una", una frase común de escuchar aquí. Significa hacer las cosas sin miramientos ni dilación; entrarle al momento, sin repensar, actuar porque es lo que hay que hacer. Puede que fracases, que rompas lo que servía, que te partas la cara contra un muro al intentarlo, pero ni modo.
Nada hace más daño que la quietud. La comodidad de quedarse en el mismo lugar haciendo exactamente lo mismo: muriendo, pudriéndote, entumecido por la falta de movimiento. Estamos hechos para producir, para ser, para crecer y aportar conforme tengamos posibilidades, de acuerdo con nuestros contextos y las habilidades que hayamos desarrollado. El chiste es enfrentarse a lo que venga.
Escribo lo anterior porque hace unos días una persona me dijo que no podemos vivir con temor a lo que nos pueda pasar, haciendo del miedo nuestra bandera y refugio. Que si quieres conseguir algo debes entender que hay riesgos: quizá te estafen, quizá te lastimen, quizá te engañen. Lo importante es que, por lo menos, hayas podido experimentar, y eso, a largo plazo, trae sus recompensas.
Digo lo anterior convencido de que no todos tenemos las mismas oportunidades. No de forma discursiva, sino con la convicción de que la única garantía de seguir igual es no hacer nada. También es cierto que la mayoría de éxitos provenientes desde abajo, si los observamos a través de una lupa, son la consecución de múltiples errores, humillaciones y fracasos.
Y a nadie le gusta sentirse humillado o fracasado, pero es lo que toca enfrentas cuando no vienes de orígenes tan privilegiados que te brinden cobertura suficiente para levantarte después de múltiples descalabros.
Existir es difícil. Elegir lo que te conviene antes de lo que te atrae o entretiene lo es todavía más, lo confieso. Y sin embargo, creo que es una vida que merece ser disfrutada, porque al final de todo, cuando hagas cuentas, cuando medites en tu pasado, es un privilegio llegar a una meta que te hayas propuesto, o a todas ellas si tuviste la fortuna suficiente.
Pues en la ruleta de circunstancias que pueden tocarte, con los condimentos específicos, si tuviste la dicha de caer de pie, cada día se convierte en una victoria. Cada anochecer es un funeral de lo que aprovechaste o no durante las horas que tuviste disponibles. Y no lo digo desde el optimismo, porque es comprensible que a veces, por mucho que nos esforcemos, la obtención de méritos jamás llegue.
También es cierto que habrá quien, con hábitos cuestionables, habilidades inexistentes y una personalidad deplorable, termine mejor que tú. Y ¿sabes qué? No importa. Así es vivir: darte cuenta, cada cierto tiempo, de que poder sentarte a escribir agradeciendo la lucidez que has tenido hasta ahora ya es un triunfo suficiente para alegrarte el rato.



Aquí guardo fragmentos de mis días: anécdotas que me han formado, pensamientos que se resisten al silencio, destellos de oraciones que encuentro en los bordes de la rutina.
Escribir, para mí, no es un oficio sino una forma de respirar. Cada texto nace del impulso de entenderme y, tal vez, de reconciliarme con el mundo.
No busco atención o aplausos; solo dejar constancia de lo que alguna vez fui, mientras sigo aprendiendo a mirar con calma.
No hay comentarios.
Publicar un comentario
Se agradecen tus comentarios.