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 Zapopan es mi casa, es el lugar en el que me siento cómodo tanto de estar, como de desplazarme. Me gusta lo que veo cuando salgo, me agradan los lugares que frecuento, me alegra saber que tengo múltiples opciones todavía por explorar, que hay gente con características muy diferentes, que una salida por café puede convertirse en una verdadera aventura si uno lo desea.

Así es aquí, pluricultural, suficientemente grande como para hacer planes, pero no tanto como para colapsar en el trayecto de conseguirlos, es una ciudad viva y llena de vida, con distintos eventos sucediendo al mismo tiempo, y a la vez es una ciudad que se percibe autocontenida, donde mi propia vida puede suceder en el radio de un kilómetro a la redonda sin sentirme aburrido.

Aquí puedo ir a hacer mandado al super, pasar por un esquite, ver a diez mujeres tan guapas como modelos, comer una hamburguesa gigante, asistir al cine en una sala VIP, quedarme una hora en la cafetería mientras leo un libro, recibir un masaje relajante, cenar un corte fino, ver una exposición artística, caminar en el parque, estrenar ropa y ejercitarme en el gimnasio, todo en una misma tarde y a pie. Así de multifascético se siente todo, es un deleite.

Y quizá lo más extraño de estos días es que, en medio de todo ese movimiento, he conseguido volver a escribir con disciplina. Mil palabras al día. A veces más, a veces apenas las suficientes para cruzar la meta personal que me propuse, pero constantes, solo tuve que dividir mis textos en dos al día. Y no sé, hay algo profundamente satisfactorio en eso. Como si después de mucho tiempo mi cabeza hubiera encontrado un pequeño orden entre tantas distracciones, ruido y pendientes.

Supongo que también tiene que ver con el ánimo que me provoca la ciudad. Salgo, camino, veo gente, regreso con ideas nuevas. Todo parece alimentar algo. Las conversaciones ajenas, los lugares, los rostros desconocidos, incluso el simple hecho de sentarme una hora en una cafetería con el teclado enfrente y sentir que las palabras vuelven a salir sin tanta resistencia. Mil palabras no parecen mucho hasta que descubres que llevas varios días cumpliéndolo y que, sin darte cuenta, vuelves a sentir entusiasmo por escribir.

Aunque no nací aquí, me hace muy feliz que ésta ciudad me haya adoptado y hecho parte de ella. Y no importa que haga calor afuera, siempre puedo pasar a mi cuarto, encender el aire acondicionado, tirarme un rato y ponerme a leer, escribir, ver algo en la computadora o darme un merecido sueño. Además ya tengo amigos, o personas que se acuerdan de mí, que me saludan cuando me ven y me hacen sentir en como un personaje local más y eso es muy bonito.

En resumen, Zapopan tiene todo lo que me gusta: Mujeres hermosas, un clima agradable, abundancia, espacios abiertos, eventos, oportunidades, plazas comerciales, buena gente, trabajo, cultura, historia, personalidad. Estoy muy agradecido de vivir aquí ya más de once años y espero que sean muchos más.