Mostrando las entradas con la etiqueta estrategia para seguir. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta estrategia para seguir. Mostrar todas las entradas

 La sensación de poder, de contenerte, es inexplicable. En un mundo que se jacta de tenerte como esclavo de tus aficiones y gustos, la vida termina convirtiéndose, por sí sola, en un gasto hormiga. Pero no he venido aquí para hablar de finanzas, porque desde esa óptica, soy el que menos debería aconsejar.

Es un riesgo para mí, por ejemplo, el simple hecho de cargar algo de dinero extra en la billetera. Parece que, por irresponsable, o más bien por impulsivo, no existe presupuesto límite que no tenga la capacidad de consumir. Y lo digo sin orgullo, sino consciente de mi naturaleza propensa a caer en excesos.

Hay que entender de dónde venimos antes de juzgar, pero también tener la claridad de que quizá no fui responsable de mis orígenes. Sin embargo, ahora que soy adulto, entiendo lo horrible que es mantenerse con vida en un mundo que abusa del consumo y acaba con nosotros todo el tiempo.

¿Hay alguna estrategia para seguir? Trabajar en el autocontrol es un reto inmenso, sobre todo cuando las arcas parecen tener un poco más de abundancia que antes. Pero uno no puede fiarse. Las enfermedades y carencias están a la orden del día. Lo digo como alguien que ya se ha quedado sin trabajo varias veces y sabe lo terrorífico que es atravesar esos periodos sin tener siquiera para el sustento diario.

Entonces, la mejor estrategia es planear y ajustarse al plan, tan estricto como sea posible. No importa que una de tus baristas favoritas se aproxime a tu mesa un miércoles por la tarde y te pregunte si además de tu té quieres una galleta. Y no es por el efecto galleta, no es por la carga calórica o porque rompas una dieta, sino porque estás convencido de que la persona más difícil de controlar eres tú mismo.

Por eso tienes que voltear a verla con ojos afectivos y decirle la verdad:

“El día de hoy no quiero, por una decisión personal. Pero te agradezco”.

Me machaca la cabeza creer que, a mi edad, el cuerpo no sea capaz de entrar en razón y obedecer aquello que le resulta más benéfico, en lugar de dejarse arrastrar por el placer del momento. Y es que este documento no va del hambre, el consumo o las dosis recomendadas de nutrientes que uno debería ingerir cada día.

La ansiedad se presenta en el cuerpo como pequeñas incomodidades que recorren el pecho, una especie de dolor que avanza hasta convertirse en un vacío que intenta desesperadamente ser satisfecho. Y ahí aparece un detalle importante: cuando crees que estás luchando solo contra hábitos, terminas descubriendo que en realidad combates una presencia que no tendría por qué estar ahí. Dolor de espalda y cabeza, piernas incapaces de quedarse quietas, manos temblorosas.

Pero la decisión radica en convencerte de que estás haciendo lo que tienes que hacer, aunque el cuerpo haga lo posible por rebelarse, o aunque el mundo alrededor parezca conspirar contra tu voluntad de mejora. Lo importante es seguir, mantenerse firme cada día, hasta lograr persuadirlo de que el obsequio que le ofreces será mucho más valioso conforme el tiempo avance y la vida ocurra.