Minicuento: Carrigan

 –Reescribir la historia es parte de nuestra existencia, no hay en la actualidad elementos tales que sean completamente ciertos; quizá sí, corrijo, pero no son así vistos por la generalidad de la civilización. En nuestra manera de ver las cosas hemos establecido un pensamiento y removido aquellas ideas que parezcan demasiado revolucionarias, creemos que al documentar todo tenemos derecho de modificar el pensamiento a nuestro parecer. Somos más ignorantes de lo que parecemos. –Mencionó el doctor Carrigan en conferencia de prensa.

Rápidamente uno de los periodistas invitados al tener la palabra expuso: –Doctor, ¿está usted diciendo que todo en lo que está basada nuestra realidad como seres humanos son calumnias gubernamentales y engaños de falsos historiadores, falacias que a nivel global tratan de hundirnos en nuestra ignorancia?

–Usted lo ha dicho. –Repuso el científico. Al instante los más de cien en la sala comenzaron un bullicio que únicamente el “silencio”, pronunciado al micrófono logró controlar.

–Existen evidencias claras que demuestran que "la verdad" que se nos ha contado de las cosas no siempre es la verdad. Las naciones escriben su propio nacionalismo, las banderas fueron dibujadas a partir de un patrón, los elementos culturales y sociales han sido moldeados, los aquí presentes lo hacen por el compromiso social que los magnates del mundo tienen en sus cadenas mediáticas invertido. Ustedes amigos, son herramientas de maldición global y formadores de mentes ingenuas e incultas, sus jefes corporativos representan, desde la opinión de los expertos en el desarrollo cerebral, los productos del sinsentido. Muchas manos se levantaron al instante, los periodistas, al verse directamente acusados esperaban que se arrepintiera de lo que les dijo.

–Francamente señor Carrigan. –Dijo una dama vestida de traje de baja estatura que se encontraba de pie a pocos metros de distancia. –Estimo que usted, en su área de investigación se ha vuelto paranoico ante la necesidad de encontrar algo que literalmente no existe. Usted propone la idea de que nuestros jefes y nosotros mismos hemos sometido la mente de la sociedad. Creo que lo que en realidad sucede es que usted, en su intento por demostrar algo absurdo, ha perdido el juicio y la razón, por consiguiente nos gustaría escuchar una disculpa de su parte hacia nosotros, que lo único que hacemos aquí es cumplir con nuestro trabajo.

No hubo más discusión, el científico bajó la mirada y entendió que lo que intentaba en ese lugar era una pérdida de tiempo; los ahí presentes habían sido adoctrinados y engañados como el resto de la población, unos pocos solamente se salvaban, aquellos que como él se habían ocultado en sitios lejanos a estudiar convirtiéndose en ermitaños.

–No responderé más preguntas. –Finalizó. Se dio media vuelta después de tomar los documentos que tenía frente a él y se dispuso a salir del salón. La gente explotó en griterío e insultos, le lanzaron toda clase de objetos que tenían en las manos.

Al salir, corrieron hacia él y tapándole la cara lo tomaron por la espalda y comenzaron a golpearlo. Entre los golpes se podían distinguir voces de mujeres y hombres; fueron tantos los impactos en su cuerpo que cayó en posición fetal a recibirlos. Así pasaron varios minutos; entre escupitajos y patadas. Le pisotearon la cara e intentaron desnudarle.

Al cabo de un rato, después de que se hartaron de golpearlo, el lugar quedó silencio. Carrigan solo podía percibir un intenso zumbido y le dolía todo el cuerpo. Con las fuerzas que le quedaron comenzó a arrastrarse, posteriormente apoyándose en la pared se puso de pie, sostenido solo con la fuerza de sus manos.

Un fuerte estruendo proveniente de atrás. El dolor lo consumía. La bala había atravesado su cuerpo justo por el pecho. Al voltear entre la multitud de periodistas la elegante dama rubia que había hecho la última pregunta, con sus dulces ojos azules sostenía el arma homicida.

Así finalizó la vida del último que quiso oponerse al sistema. FIN.



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