Trabajo

Trabajar es un placer si lo haces en lo que te gusta; a mí, particularmente me fascina estar atrás de una computadora viendo, analizando, deduciendo, escribiendo, modificando, generando, produciendo ideas a través de código. No pienso mentirles, no soy tan bueno, ni cerca de lo bueno que muchos son, pero de aquello que me gusta suelo aprender bastante rápido y bien.

La vida es así para mí; un día llega una oferta de una empresa maravillosa y al otro simplemente parece que no va a haber dinero para comer. No hay nada escrito previamente, y aunque me gusta planear todo el tiempo (desde que aprendí de administración, lamentablemente ya tenía mil deudas encima), hoy sé que lo que me depara el destino es en su mayoría lo que otros definan para mí, entiendo y aprendo de ello.

Por ejemplo: Si quiero salir con alguien, depende de ese alguien aceptar o rechazar mi cita. Si quiero vender algo, depende de un cliente aceptar o rechazar mi oferta. Si quiero comenzar un proyecto, depende de alguien que tenga o no dinero conmigo para lograrlo. En fin, todos somos codependientes, y si bien me sé imperfecto para muchas cosas e incapaz para otras, también soy consciente de que tengo algunos detalles para los que soy y puedo ser bueno.

La vida es un viaje finito de ilusiones que pueden o no convertirse en realidades. La muerte es el resultado del óptimo esfuerzo por alcanzar el máximo aprendizaje posible. Solo vivo para ser, y soy para vivir. Necesito y me necesitan, doy y recibo.

Me encanta filosofar como hoy, estando en pleno momento de desarrollo de ideas; ajenos o no, me agrada ver los proyectos florecer y existir. Pues al final sé, que por mínimo que sea el detalle que mis manos ayudaron a complementar en un proyecto, no sería completamente igual sin haber intervenido; incluso tú, querido lector, no te después de leer este texto me dejas un espléndido sabor de boca al conocer que te irás a la cama con una mínima influencia mía.

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