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 Por definición, hay algo raro con el uso de los tokens; he estado sufriendo un montón en días recientes por esa unidad de medida y es que, simplemente, está fuera de sentido. Los tokens son monedas digitales que cambian al gusto de sus creadores y se comportan con el cliente dependiendo de lo que más convenga al negocio; tal como sucede con las criptomonedas, la demanda los vuelve una herramienta demasiado fluctuante y muy poco confiable. Si montas una infraestructura con la necesidad de que soporte el paso del tiempo de manera estable, terminarás encontrándote con el hecho de que es simplemente imposible mantenerla, a menos que estés dispuesto a hacer un gasto particularmente grande.

Llevo al menos dos semanas peleándome con investigaciones sobre tokenización, su uso y la posible mejora de metodologías para desarrollar productos que funcionen sin volverse un dolor de cabeza cuando el tiempo entra en la ecuación de la arquitectura. Llevo buenos avances, resultados cuestionables y un montón de ganas acumuladas de abandonar el camino actual para buscar alternativas constantemente.

Justo frente a mí hay una chica de blusa roja y short de mezclilla que tengo la idea de conocer de antes; la verdad, le doy vueltas en la cabeza a su cara y a su aspecto. Estoy seguro de haberla visto, incluso recuerdo haber conversado con ella. No es salida de mis sueños, estuvo en algún punto de mi pasado; tal vez en alguna plataforma virtual o entre los conocidos de mis conocidos, en algún evento en común. Esa nariz es imperdible, además tiene una mirada con la que me siento particularmente familiarizado.

¿A qué se debe que no la recuerde con claridad? No tengo idea. El cerebro tiene una forma rara de conservar sus recuerdos, de ubicar a las personas y las memorias en algún punto específico dentro de sus conexiones. No puedo dejar de ver su rostro; espero no quedar como un raro. No la he mirado fijamente, pero de vez en cuando mis ojos, mientras escribo estas líneas, la observan un segundo y después vuelven para continuar con la narrativa.

Puede ser que algo me esté pasando, tengo que confesarlo: llevo al menos dos semanas fuera de control. No me he cuidado como quisiera, no he salido a hacer ejercicio, no he estado durmiendo a mis horas, tampoco he podido comer saludable y me he excedido en varias áreas con mis libertades. No tantísimo como para caer enfermo, pero sí, un poco.

Como les conté antes, estuve una semana fuera, en casa de mis papás, y ahí me dejé consentir con lo que hubiera en casa. Después, una semana más, mis papás estuvieron conmigo de visita y no iba a obligarlos a comer lo que yo como, ni a acompañarme a dormir a mis horas. Esa flexibilidad provocó que terminara la semana algo fuera de ritmo en cuanto a mis rutinas, y la actividad que tengo atrasada del trabajo —la misma que se relaciona con el manejo correcto de los tokens— me ha estado costando mucho sacarla adelante. De hecho, mañana tengo que presentar un prototipo que sigue en ningún lugar; no sé cómo, ni tengo idea de cómo lo voy a solucionar a estas alturas.

La tecla "S" de mi teclado está fallando. Me saca de la concentración porque, a medida que escribo una frase, tengo que regresar a revisar que se haya impreso correctamente en el procesador de textos.

Entonces, esta publicación se trata de mi frustración, de mi deseo de volver al camino correcto, de mis ganas de ser un buen hombre y de mi ilusión por conseguir una vida más saludable. Aunque a veces la mente se relaje y quiera dejar de pensar, aunque a veces se obsesione con la imagen del recuerdo de una mujer en particular, aunque a veces me distraiga y no coloque una letra donde debe ir en el texto, aquí sigo, tratando de encontrar a mi "yo" que menos daño se haga y adaptarme a vivir con él permanentemente.



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 Por definición, hay algo raro con el uso de los tokens; he estado sufriendo un montón en días recientes por esa unidad de medida y es que, ...