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 Vamos a ver, ¿de qué va el texto el día de hoy?

Sencillo. Quiero seguir haciendo cambios, pero principalmente quiero identificar aquellas cosas que no me hacen bien. Anoche intenté caer una vez más en mis malos hábitos y, para mi agradable sorpresa, las limitaciones que me puse funcionaron perfectamente, provocando un fastidio temporal, pero una alegría mayor a la mañana siguiente.

Y es aquí donde llega la consciencia y me enseña detalles que parecen mínimos, pero desde la óptica de la continuidad del yo futuro, sé que estoy haciendo bien.

La aplicación que desarrollé es una gozada. Sin interrupciones ni incomodidades a la vista. Únicamente mi procesador de textos, haciéndose uno conmigo. Agradezco saber qué era lo que quería desde el inicio; así no me la pasaba divagando entre versiones. Creo que ese ha sido uno de mis fuertes en la vida: el determinismo. Saber que cuando decido algo, me gusta adoptarlo como parte de mi identidad e incorporarlo a mi día a día. Así me convertí en un lector asiduo, así estoy trabajando en una personalidad escritora, así estoy desarrollando empatía interpersonal y otras habilidades blandas de las que no quiero hablar todavía.

Desconecto los audífonos y me levanto por un chocolate caliente y un envuelto mexicano. Resulta que, como dije hace un momento, sigo investigando cuáles son aquellos alimentos que no provocan incomodidad a mi organismo y he ido aprendiendo a filtrar poco a poco. Obvio, es un trabajo para toda la vida. Sé perfectamente que mi decisión de un día o una semana no es nada en comparación con una vida de malos hábitos alimenticios, pero mejor empezar algún día que jamás hacerlo. Y cuando ya sabes qué es lo que no le agrada a tu cuerpo, entiendes que, en vísperas de darle un mejor trato, hay que evitar ciertas cosas. Eso aplica para actitudes, compañías y gustos; no solamente para lo ingerido.

Recién he aprendido que mi satisfacción personal al final del día viene acompañada de haber tomado decisiones decentes durante las horas que estuve despierto; con el cuerpo sin dolencias y la cabeza tranquila. Eso definitivamente lo vale todo. Te coloca en un punto de comprensión del entorno más completo de lo que imaginas.

Pero bueno, no vengo aquí a dar clases de lo bien que se siente no contaminar tu propio cuerpo cuando estamos rodeados de elementos, eventos e intenciones que, sin darnos cuenta, provocan justo lo contrario.

Ésta cosa está picante, perdón. Me enchilé un poco. Igual es interesante. Le doy un sorbo a mi chocolate. Muy rico. Dulce, eso sí, pero estoy investigando si la leche de coco es la que me provoca incomodidad o la cafeína. Con ese propósito me lo pedí.

Ya sé qué agregar a mi herramienta. Mientras degustaba el último bocado lo deduje. Será una sorpresa, pero me encantará conseguirlo.

Y bien, para cerrar, solo queda comentar que el día se define a partir de las múltiples decisiones minúsculas que tomamos. Si optamos por las mejores o, como dije antes, por las decentes, al menos en aquello que esté dentro de nuestro control, estamos del lado correcto de la narrativa.