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 Se me ocurre que ya no estoy en mi prime. O quizá, siendo sincero, jamás lo estuve. Viéndome desde una perspectiva externa, siempre he tenido que estar peleándome con algo o con alguien, principalmente contra mi propia mente, que cada que tiene oportunidad intenta limitarme y reducirme. Entre vicios, temores y fracasos, uno termina sintiéndose parte de ese montón de huevos podridos que están en la cesta esperando ser tirados a la basura.

Muy depresivo ese primer párrafo, lo reconozco, pero tampoco es que me esté muriendo de pena o tristeza. Solo vine a contar que, por fin, me dieron de baja de Amdocs. Una empresa que en un inicio me gustaba muchísimo y que poco a poco se fue hundiendo en un profundo océano de malas decisiones de negocio, avances tecnológicos mal implementados, nula responsabilidad, estándares de calidad cada vez más bajos y una preocupante pérdida de identidad. Porque sí, esa fue, al menos desde donde yo lo viví, la secuencia de acontecimientos que terminó llevando a la empresa de la que hoy me estoy despidiendo a una caída importante.

Les explico un poco más.

Hace poco más de un año, un equipo de Modernización realizó un despliegue fallido que impactó negativamente los KPIs de la empresa para la que trabajaba mi proyecto y, por consecuencia, la satisfacción de sus clientes cayó de forma considerable. Para "subsanar" el problema, la empresa inventó una reestructura con varios puestos cuya principal función parecía ser hacer la barba a la directiva del proyecto, aunque la relación con el cliente ya estaba seriamente dañada.

Después llegó un nuevo CTO de aquel lado, uno con una postura geopolítica muy marcada que no quiero abordar aquí. Desde el primer día dejó claro que quería eliminar el vínculo con nuestra empresa. La decisión terminó postergándose durante meses entre renegociaciones, pero al final consiguió que únicamente permanecieran los servicios de soporte para herramientas heredadas, mientras se cancelaban todos los desarrollos nuevos. Justamente ahí era donde yo trabajaba. No pertenecía al equipo responsable del colapso de la sociedad, pero sí a uno completamente dependiente de ella.

Todo eso ocurrió aproximadamente entre febrero y julio del año pasado. Para septiembre llegó la primera ola de despidos masivos, incluido aquel gran proyecto y más del ochenta por ciento de sus integrantes, porcentaje que terminaría convirtiéndose en el cien por ciento durante la segunda ronda que ocurrió en noviembre.

Por alguna razón que todavía no termino de entender, a mí me dejaron ahí, en el limo, durante lo que restó de 2025. Cuando finalmente cerraron las cortinas de mi proyecto, pasé prácticamente todo 2026 con mínimas o nulas interacciones dentro de la empresa. Para enero incluso mi jefe y el jefe de mi jefe ya habían sido dados de baja de la cuenta.

Para marzo había dejado de recibir comunicaciones internas. Aquello apestaba a despido desde entonces.

Así que aproveché el tiempo para estudiar y prepararme para lo que viniera. En mi intento por conservar el empleo apliqué a unas siete vacantes internas, sin éxito alguno. Ni una llamada, ni un correo, ni un mensaje de seguimiento. Al poco tiempo las posiciones simplemente aparecían ocupadas o canceladas.

Estaba convencido de que tarde o temprano me tocaría salir en el siguiente recorte. Tengo que reconocer que esa incertidumbre elevó muchísimo mis niveles de estrés y que la pasé bastante mal durante varios meses.

Y aquí viene la parte cruel.

Tengo que hablar un poco de lo que, desde mi perspectiva, ocurrió internamente. De cómo una empresa orgullosa de ser líder en su industria, de desarrollar sus propios productos y mantener alianzas comerciales importantes, terminó convirtiéndose en una consultora más dentro de la ciudad.

Aclaro también que parte de lo que cuento puede estar ligeramente ficcionalizado como recurso narrativo o construido a partir de conversaciones, experiencias personales y percepciones acumuladas durante mi estancia como empleado.

Todo empezó con la "tatificación" de la empresa. Una estrategia muy conocida en Tata que consiste en contratar perfiles junior para comercializarlos como perfiles senior. El año pasado comenzaron a llegar decenas de recién egresados y aquello, para quienes ya llevábamos tiempo en la industria, tenía muy mala pinta. Era evidente que la intención era abaratar los costos de producción.

Después vinieron los recortes de beneficios. El Seguro de Gastos Médicos Mayores fue reduciendo coberturas, los bonos prácticamente desaparecieron y los incrementos salariales dejaron de ser algo habitual.

Incluso podía verse en detalles mucho más pequeños. Antes era común encontrar comida especial algunos días, además de sándwiches y otros alimentos disponibles para cualquiera. Poco a poco esos beneficios fueron desapareciendo. Hoy incluso el agua parece administrarse con extremo cuidado. Increíble.

Entonces empecé a notar algo más grande.

Después del fracaso de la modernización de mi cuenta, otras negociaciones importantes también comenzaron a caerse. Recuerdo particularmente una empresa con fuerte presencia en Latinoamérica que estaba por abrir alrededor de doscientas posiciones y que terminó cancelando el contrato antes siquiera de firmarlo.

Mientras tanto, la enorme cuenta donde yo trabajaba continuaba absorbiendo otras empresas tecnológicas, algunas de las cuales también eran clientes de Amdocs.

Luego llegó GenAI.

Ese mismo cliente anunció públicamente que comenzaría a desarrollar parte de su propio software apoyándose en herramientas de inteligencia artificial para reducir la dependencia que tenía de nuestros productos. Desde mi perspectiva, ese fue el principio del fin.

El cliente más grande estaba preparando su salida, muchos clientes pequeños estaban siendo absorbidos y el otro gran cliente tampoco representaba un negocio particularmente rentable, pues ambas compañías mantenían una relación accionaria importante. Y, además, cerrar nuevos contratos de gran tamaño parecía cada vez más complicado en un mercado donde desarrollar software propio empezaba a ser considerablemente más accesible que años atrás.

A todo eso hay que sumar la carga laboral.

Yo mismo llegué a reportar semanas continuas de más de setenta horas de trabajo. Trabajábamos fines de semana sin compensación económica ni tiempo de descanso. Cuando reporté la situación y la escalé con Recursos Humanos, la respuesta fue siempre la misma:

"Así son las cosas en esta cuenta. Estamos atados de manos."

Ahora voy a tocar un tema particularmente delicado, pero que fue imposible no notar.

Con buena parte de la media y alta gerencia conformada por personas de nacionalidad india, los recortes parecían favorecer sistemáticamente a empleados de esa misma nacionalidad. Al menos eso fue lo que observé en los dos proyectos donde participé.

En el primero, bajo la supervisión de mi jefe, salieron un nepalí, un mexicano y un estadounidense, mientras el resto del equipo permaneció intacto.

En el segundo proyecto ocurrió algo parecido. De los diez integrantes del equipo que desaparecería, cinco eran indios. Al final, prácticamente todos ellos fueron reubicados en otros proyectos, mientras el resto terminamos fuera de la empresa, con excepción de un compañero norteamericano que, hasta donde sé, continúa ahí.

No sé si exista una explicación distinta, pero fue un patrón demasiado evidente como para ignorarlo.

También era notorio que a la oficina de esta ciudad únicamente le asignaban proyectos pequeños de soporte. Cuando aparecía una oportunidad interesante de desarrollo, si no se realizaba en India terminaba yéndose a países como Filipinas o Brasil, dejando a nuestra sede cada vez más rezagada.

Para cerrar, no escribo esto desde la frustración ni desde el resentimiento. Muy al contrario. Me siento genuinamente contento de haberme liberado de una empresa que terminó convirtiéndose en un ambiente de explotación.

Recuerdo que cuando entré llegué a pensar: "Aquí me gustaría jubilarme."

El día que finalmente me avisaron que mi historia ahí terminaba, mi único pensamiento fue: "Ya estaba hartísimo de ellos."

Aun así, muchas gracias a la mejor versión de Amdocs que me tocó conocer. Estoy profundamente agradecido por todo lo que aprendí ahí y espero que esa experiencia siga fortaleciendo mis habilidades profesionales durante muchos años más.



Adiós Amdocs

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