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Cinco y media de la mañana, despierto y recuerdo pequeños detalles del sueño: Una vez más aparece el BMW en escena, estamos viviendo hace un año; es una combinación de imágenes de lo frustrante que era saber que la chica que me gustaba tenía una relación cercana con un apuesto hombre al que había colocado como foto de perfil, quien definitivamente se veía alegre de tenerla en su regazo, yo en mi pena también hube sufrido en secreto.

Recuerdo perfectamente que tras una noche cálida de finales de junio, bajo la lluvia intensa que me identifica, usé cualquier recurso a mi alcance para asistir a verla; dándome de bruces ante la idea de que "ya no quería verme", no podía, o no se lo había permitido ella misma...

Había guamúchiles en medio de la oscuridad, debajo de uno de esos me quedé recargado en el carro; al salir, varios de mis más cercanos amigos me decían que no valía el esfuerzo; de nuevo todo parecía encajar con el contexto; las lágrimas bajo la lluvia no se notan, y la pretensión de estar todo bien volvió a suceder.

Después varias mujeres aparecen de la mano de mis amigos, no sé por qué ninguna de ellas me interesa; mi mente sigue perdida en la chica del Whatsapp. ¿Por qué nunca me brindó la oportunidad? No lo entendía, no comprendía nada; su mundo es el gimnasio, lo que más amaba yo quería conocerlo, mudándome. Mi mundo se reducía a ella, estaba muriendo en vida al no poder tenerla cerca.

Tomé el vehículo, no sé cómo aprendí a usarlo, viajé a través de la ciudad y me ubiqué justo en el primer lugar que habité al llegar a la gran ciudad. Donde no hay alumbrado público, donde hube contratado servicio de cable para acceder a Internet; ironías aparte decir que el mismo equipo en el que redacto ahora debería de hace tres años haber sido mi herramienta de interacción con mi blog.

"Es lo que puedo ofrecerte" cambió mi vida. En contexto nunca hubo nadie que me ofreciera algo así, no sabía qué tan determinante sería. Proclamaba continuamente mi luto ante lo que un día amé con Bertha, lo cierto es que ella misma me dijo que nunca dejara de amar de esa manera. Ahora que, reescribiendo mi historia, probablemente quisiera no haber escuchado jamás esa frase.

Cuando viví ahí; ella ya no me hablaba, no volteaba a verme, no me hacía con vida en éste u otro Universo. A unas cuantas cuadras de distancia estábamos, sufrí su enemistad y lejanía; han tenido que pasar tres años para que volviera a hablarme. Hace una semana me dijo que "cómo le hago para ser tan buen amigo"; mi respuesta fue sincera, carajo, a veces quisiera no ser tan honesto en lo que digo: Porque te quiero y siempre me haz gustado.

Continuo a eso sentí que había cavado una segunda tumba, no podría verla sin despertar fibras sensibles en mí; estaba consciente de ello. Por eso, que me hagan falsas promesas duele. "Nos volveremos a ver, te lo juro". Sí, Dios ha permitido que me gusten las mejores; Angie ya se casó y no dejo de recordar que le he escrito en su momento la carta más dolorosa que a cualquier otro ser. Incluso mi buena amiga Cielo llegó a interceder, para evitar que el desgarre de mi alma fuera a hacer algo más, pero no, me perdí deseándole bien.

Así soy; la cercanía es una adorable sensación para el kinestésico. Volvían a aparecer en un par de autos mis allegados, "ésta noche ha sido larga y tétrica, vámonos a casa". Nadie llora durante la noche en los dos metros cuadrados que asienta su cuerpo en el piso de la sala que compartía con mis cinco compañeros de departamento, ¿o sí? Claro, yo y mi patética manera de amar sí. Me ha pasado varias veces, me he tenido que quebrantar escuchando en el murmullo de la lluvia tempranera, mientras sigo observando su foto e imagino que un día podré volver a tenerla de frente.

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