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 Observando los números moverse. La ansiedad motivada por las entrevistas que vienen y el miedo a no fracasar en los intentos, a la vez, que tras ver las cuentas el barco se ve que avanza lentamente. ¿Deseoso de ser parte de un proyecto mejor? Claro. ¿Consciente de que las oportunidades me rodean si tengo el valor de estirar la mano? Por supuesto. ¿Aterrado ante el fallo estrepitoso? Evidentemente.

Como saben, escribo estas líneas en el punto en el que mi corazón y cordura se encuentran. Con todo el afán de ser una mejor persona y al mismo tiempo sintiéndome miserable por no haber logrado nada o casi nada en esta vida. Confesando que soy víctima de la trampa capitalista. Al mismo tiempo que la moral me pone límites estrictos para evitar aquello que podría llevarme a posibles consecuencias peores. "¿Pero qué peor que donde me encuentro?" Me dice mi parte racional. "No lo imaginas siquiera." Me dice la emocional. Y así; los conflictos internos son mayores que los que a simple vista pueden tenerme destrozado.

Desde controlar el ego hasta limitar el sarcasmo, siendo un árbol atacado por fuertes vientos manteniéndose en pie. Una moneda al aire que depende más de la fortuna que del talento o la capacidad. Apoyando cada paso en las personas que me rodean y estiman. Leyendo, invirtiendo y con introspección creciendo; me falta el arrojo, la rabia, la pasión, la constancia, la astucia, el conocimiento y la perseverancia que dar pasos confiadamente requiere. Pues recaer, a estas alturas, ya no es una opción.

Y en el no hacer nada está la falta de virtud. Pues sin coraje, sin riesgo, sin una apuesta verdadera, queda solo un cobarde, temeroso y diminuto ser. ¿Y hay la posibilidad de salir de ahí? El pensamiento lo afirma.

Cuando te hartas de perder o caes hasta lo más profundo, llegaste a tu límite inferior. Y a partir de ese momento todos son impulsos hacia arriba. Pero en ocasiones las piernas ya no tienen fuerza, los ojos han perdido la visión y las manos no quieren ser estiradas.

Hay que temerle tanto al conformismo como a la traición. Porque estamos tracionandonos a nosotros mismos y a nuestros sueños cuando nos quedamos estáticos, atorados. El temor es una parte sustancial en la formación del caracter; la personalidad se pule ante la frustración y la sabiduría se enriquece ante la experiencia.

Vivir pensando que no vas a cometer errores si no mueves un dedo es un gran engaño puesto ahí a propósito para que te rindas antes de explotar tu potencial; tanto físico, como intelectual. Probablemente tu calidad de vida no te permita nunca dejar de arrastrarte para avanzar; pero estás haciéndolo, y quién sabe, la fortuna a veces sorprende a los que no dejan de acecharla.



2 AM o Algo

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