Intentos Fallidos

Cuatro de la mañana, tras un par de horas sin sueño, es hora de escribir algo. Música de fondo. Hablando del mundo financiero, reconozco que hay mejoras desde la última vez; con respecto a mi estilo de vida y mi situación emocional, también he de decir que se ven mejores contextos; bendita vida que siempre enseña a través de los días.

No les conté que un día tuve el demencial sueño de plasmar texto para publicar en un formato distinto, pero cada que leía los extractos redactados, me quedaba con la noción de no ser lo suficientemente bueno, y pasaba al siguiente; así completé cerca de un centenar de pequeños relatos, que si bien no son lo más magnífico que existe, me sirven para adentrarme en mis propias letras y constituir un estilo propio.

Es real, aprendí a la mala que todos somos capaces de escribir hasta que tenemos que ponernos a hacerlo con responsabilidad; pues las ideas fallan, las conexiones no nos terminan por agradar completamente, se desvían los hilos conversacionales y la historia puede no terminar siendo como la planeamos al inicio. He estado ahí, un poco frustrante de hecho, lo satisfactorio viene después, cuando te sirve como material para ser citado o reutilizado en un producto más grande y mejor trabajado.

No soy de abandonar los sueños tan fácilmente; a veces cayendo en el tema de la incompetencia, tardo una cantidad considerable de tiempo en subsanar el camino pero ya sea por empezar de nuevo o reintegrarme al paso, generalmente continuo haciéndolo. Es básico el autoanálisis si uno no quiere morir en el desprestigio que el olvido supone.

Pasa que viviendo en medio de una generación de quejumbrosos y resentidos, gente fácil de ofender, tampoco es sencillo dramatizar o ridiculizar textualmente por provocar reacciones innecesarias cuando el deseo mayor del redactor es plantear una experiencia satisfactoria de lectura que mueva al sujeto por un recorrido grato de anécdotas interesantes y bien estructuradas.

Pero, ¿cuánto hace que no escribo nada? Suficiente tiempo como para creer que estoy perdiendo la capacidad y oportunidad de conseguirlo. Pero como he dicho antes, cosa es de reorganizarme y apartar un poco de energía en favor de describir el collage de personajes que aparecen en mi mente y los eventos que en mis pensamientos ocurren para convertirlos en una aventura digna de contarse. Aunque por lo pronto, cero y van cien intentos fallidos.


De Algoritmos y Temores

Hay ocasiones en las que la cabeza no te da para más, te tienes que aguantar. Hoy estoy por probar un algoritmo en pro de verse beneficiados mis recursos; no es tanto con afán de hacer dinero simplemente, mi principal intención es brindarle un poco de atención desde una perspectiva distinta a la programación. Para mayores beneficios a futuro.

Mañana comienzo con el primer fin de semana de pruebas; basado en la estadística analizada, en la región específica, tendría que existir un beneficio porcentual de un décimo, al haber finalizado el primer mes. Soy amante del número catorce, así que no veo mal iniciar en ese día mis experimentos.

¿Y si funciona? Bueno, si funciona, estamos hablando de que en uno o dos años, podrá ser suficientemente competente mi algoritmo para mantenerse a sí mismo, y darme a cambio algo de lo cuál agarrarme para seguir creciendo.

Porque no, el plan no es únicamente amasar dinero, eso es sorprendente que algunos lo tengan como meta; para nada mi deseo. Yo lo que quiero es poder ayudar a las personas que me rodean, y mientras más sea capaz de producir, más me será posible beneficiar a otros: Que al tío endeudado hasta las orejas desde hace años, que a la prima con ideas de negocio que no puede colocar debido a la carencia de recursos, que al amigo inteligente en su nueva empresa como impulso, etcétera.

¿Y si no se consigue un beneficio real? He de confesar que no soy de rendirme. Lo que probablemente suceda (apostaría), sería pulir mi algoritmo para volver a intentarlo más adelante. Y de hecho, ustedes no están para saberlo, pero éste mismo código ha fallado dos o tres semanas atrás en su versión beta.

En fin, no tengo idea de la razón por la cual anoté esto aquí, supongo que quiero tener presente la vez que "traté" sea o no que el asunto termine con éxito. Digo, cada vez me vuelvo menos temeroso ante el fracaso: Perder unos cuantos miles, solo me da la percepción de que "al menos lo he intentado".


Nada que Reprochar

En esta vida todo es incierto. Qué tanto durarás, cuánto tiempo tendrás amigos, quiénes te quieren verdaderamente, qué te apasionará mañana en comparación con lo que te apasiona hoy, qué modas te llamarán la atención, qué carrera elegirás estudiar o si lo harás siquiera, en qué serás bueno, en qué fracasarás, cómo sobrevivirás a tus primeros años de existencia, y a tus primeras pérdidas y derrotas, cuál es tu capacidad de reacción y de volver a levantarte.

Todo, todo en nuestro andar por el mundo no es más que la conjunción de millones de decisiones que se transforman en microapuestas; "creí en ti, por eso me di la oportunidad de conocerte", "confié en que conociendo tal o cual técnica podría sobrevivir al mañana", "me esmeré en aprender las cosas que mis padres me enseñaron para ser un hombre de bien, como ellos siempre lo quisieron"... Sea cual sea el número que represente la totalidad de determinaciones, lo cierto es que estamos en donde estamos como consecuencia.

Lo que hemos aprendido, hasta dónde lleguemos, cualquiera que sea el límite al que nos enfrentemos está ahí por una razón. A veces, equivocadamente juzgamos el hecho de que las cosas no sucedan como nosotros visualizamos (e idealizamos) en nuestro interior, llegando a consolidad una estrecha relación con el fracaso. Basta. Es tiempo de abrir los ojos, de darnos cuenta que cada uno de los elementos que se encuentran allá afueran fueron, son y serán, consecuencia de muchísimos factores y que el Universo nunca ha girado ni girará entorno a nosotros o nuestro ego.

Y es probable que, como en un "volado" (acto de lanzar una moneda al aire y observar si cae cara o cruz; se hace para decidir la suerte de algo), no somos responsables del resultado de todo lo que ocurre en el entorno, pero hemos de ser más que responsables si el tiempo que la moneda tarda en el aire nos causa estragos negativos.

He estado ausente de redes algunos días, me lo propuse principalmente para convencerme de que estoy aquí gracias a todo lo que ha existido en torno a mi vida, y que seguiré adelante, a pesar de a veces experimentar tropiezos y dolencias. Estúpidamente había dado la oportunidad de crecer interiormente a pensamientos colmados de duda, que me robaban el sueño, me fastidiaban el día, me hacían sentir miserable en algunos momentos sin ser eso siquiera un poco lo que representa mi realidad. Estaba cansado, harto, desgastado, sobretodo porque creí en algún punto que estaba dando vueltas en círculos. Y no, no es así, han habido bastantes cambios y mejoras en mi torno a lo que soy, la historia ha sido benevolente y generosa conmigo, no hay nada que reprocharle. Queda seguir, duerma o no duerma bien una noche o dos, pase tragedias o amarguras, siempre habrá un momento para recapacitar y agradecer por todo lo bueno que hube ignorado tras tropezar en penas. Reitero, mi mayor adversidad siempre ha sido poseer una mente inquieta, así que era indispensable dejarla relajarse un poco.


La Misma Promesa

19 de agosto... Acabo de darme cuenta que la historia de mi vida se encuentra justo a tres años de distancia de haberme propuesto alcanzar un logro particular: Bajar de peso.
Tres meses después, el 20 de noviembre de 2016, pesaba treinta kilos menos.

¿Qué me pasó? ¿Por qué me di por vencido?
Soy un ser que requiere armonía en su vida para que las cosas fluyan como es debido; en aquel entonces encontré a alguien que me suponía un beneficio motivacional bastante fuerte, me llenaba de energía y me brindaba bríos constantes; me encontraba en la cúspide de mis deseos y honestamente sentía que era capaz de muchas cosas.

Conforme el rechazo llegó, el fracaso incrementaba, y mi percepción de la realidad se volvía más cínica, más agresiva para conmigo mismo, más inquisitiva. Pasé del colocar los pies sobre la tierra a darme de bruces contra el piso constantemente; me dejé consumir por mis miedos y abracé mi ignorancia como bandera. Estaba decidido a volverme el repugnante ser que una vez me consideré al mirarme al espejo, puesto que nadie estaba dispuesto siquiera, a compartir palabras alentadoras conmigo.

Todo eso que cuento es verdad, desde la dañada perspectiva de alguien que vive el desamor exponenciado; no es que mi familia o amigos no estuvieran ahí para apoyarme, es que yo me encontraba cegado por el autodesprecio.

Una y otra vez me he dicho desde entonces y pasado el tiempo: "Sé que puedo volver a conseguirlo", sin éxito alguno. ¿Qué me pasa actualmente que no encuentro la fuerza motivadora que me permita lograr un reto que una vez fue factible?

Pasa de todo... Sigo ávido de alcanzar armonía interna, pero la tentación que el autoflagelo supone es enorme; además, el miedo no cesa de acosarme día y noche, los malos hábitos tienen sujeto por el cuello a mi potencial. Y honestamente, las mentiras rodeándome cuál depredadores con supuestas voces de sinceridad no hacen más que aminorar mis ganas de mostrar cualquier capacidad.

Así, paso de ser alguien a un total don nadie; un gris oculto tras un árbol en el sendero de la oscuridad, un transparente en medio de la comunión con los congéneres, un número más en el infinito de posibilidades; sin estar roto por completo todavía, con mis funciones de vez en cuando brillando un poco, pero dormido, inactivo, inexistente.

Hoy, tres años más tarde, me vuelvo a hacer la misma promesa: Esta vez sin apoyarme en nadie, sin creer en nadie, sin pretender ser nadie, sin afán de agradarle a nadie, sin intención de compararme con nadie; esta vez en completa sinceridad y consciente de mis debilidades me quiero prometer que en tres meses, habré logrado un cambio, esta vez permanente.


Los Zombies

Les voy a contar una pequeña historia. Como introducción quiero decir que a mí personalmente nunca nadie me ha agredido o afectado físicamente; me gustaría que lo que estoy por escribir tome el camino de la razón y el entendimiento, no el camino del odio al prójimo (que de eso ya estamos repletos actualmente).

Había una persona en un pueblo alejado de todo modernismo, que se desarrolló en un entorno en el que los hermanos, padres, abuelos y demás parientes eran al mismo tiempo sus vecinos y amigos de toda la vida, viviendo saludablemente en medio de la misma comunidad, sin medios ni contaminantes externos.

Llegado el tiempo, nuestro personaje emigra a la Ciudad Capital por necesidad laboral, en donde empieza a conocer gente, criterios, gustos variados, excentricidades y demás en su nuevo entorno. En la puerta el apartamento vecino, justo el que está a un lado del suyo, hay símbolos y señales que él desconocía de toda la vida.

Algún día camino al trabajo se encuentra a un segundo personaje, resultando ser quien vive en el lugar de junto. Esa persona le empieza a contar de algo que está próximo a ocurrir, en un año, gracias a información de primera mano, sabe que todos los cadáveres que se encuentran en el cementerio despertarán.

La charla se vuelve intensa a un nivel en el que nuestro personaje central en cuestión queda completamente convencido de que, efectivamente, dentro de justo un año, todos los cuerpos en descomposición que se encuentran en el cementerio habrán de levantarse como zombies.

Si eso sucede, ellos matarán a todos los vivos, le cuentan. Pero han planeado algo que permita evitarlo. Durante la noche dentro de una semana, se habrán de escabullir, extraerán los cuerpos de sus tumbas, los amontonarán y harán una gran fogata con los restos. No importa, ellos no sienten; realmente de lo que se trata es de velar por el futuro próximo, evitando ser víctimas mañana de una catástrofe mayor.

Con determinación y convicción, consciente de la sabiduría y el origen de sus creencias, junto a los vecinos, realizan el movimiento la noche pactada. Se escabullen discretamente sin ser detectados por las cámaras de seguridad o la gente de vigilancia, y empiezan poco a poco a realizar su misión, destruyendo, escarbando, extrayendo y quemando restos...

Un par de horas más tarde se escucha la voz de alguien aproximándose, preguntando qué están haciendo y exigiendo con autoridad que se retiren de ahí. Conforme se acerca y esclarece la voz, los pasos se aceleran, se tiene que hacer algo.

No pasan dos minutos antes de que, quien fuera protagonista de esta historia, en pleno uso de su consciencia justa, sabiendo que la pelea es en beneficio de un bien mayor, emerge por la espalda y atesta un palazo en la cabeza de la persona de guardia. La sangre brota a borbotones, muriendo inmediatamente.

Ya en la comisaría, cada que preguntaban a nuestro personaje si había hecho mal al "atacar con violencia" a la persona de seguridad, su respuesta era una rotunda negativa. Puesto que estaba haciendo lo correcto en su perspectiva, salvar a todos.

La suma del miedo (a algo que nos pasa, algo que nos ha pasado o algo que nos puede pasar) y la ignorancia convierten a los seres humanos en devotos extremistas; llegando con eso la violencia, que termina convirtiéndose siempre en tragedia. A lo largo de la historia el uso de la violencia ha generado resultados lamentables. Estoy y siempre estaré a favor de respetar a los demás y que se me respete, al mismo tiempo que estoy a favor de fomentar la nutrición de la sabiduría, antes que la ignorancia.