Para No Envejecer

En sus ojos se ocultaba la verdad, aquello que nunca quiso pronunciarme, pues me quería más allá de lo que podía imaginar, pero no se atrevía a decírmelo. Qué tristeza su falta de valor, y la mía también, lo único que me quedaba a partir de ese momento era esperar.

Entre las distancias que nos mantienen separados y los tiempos que no se detienen a darnos la oportunidad de vernos, entre los miedos de ambos a besarnos y la constante necesidad de nuestros huesos por tenernos juntos, mutuamente aislados de cualquier miedo que pudiera presentarnos el mundo, pues con ella, lo que importa es más profundo.

Si decimos a nuestros hijos que fue sencillo estaríamos mintiendo, pues cada paso que das hacia tu futuro entre mis brazos es un poco más cerca lo que estamos del olvido o nuestro encuentro tardío, lo que quieras tú; he decidido dejar de rogar por las cosas que no creen que merezco, tomar aquellas que me corresponden y ofrecer lo que tengo. Si soy, si somos, si merezco, no lo sé, al final todo será un regalo suyo, mi corazón desde el inicio ha sido tuyo.

Horas y días pasan tras la ausencia de sus labios, la intensidad de su mirada que tanto me solía inquietar, ¿quién soy yo para recapacitar? El muro de incertidumbre hace mucho dejé atrás, no me importa, en serio, ni las letras como antes se me dan; porque el corazón dolido es también el que escribe con más pasión, pero a mayor voluntad, sanidad de mi interior.

Frases y párrafos andan tras de mí, mientras impulso las teclas con intención, preocupación no hay más, lo que quiero es plasmar un poco de mi devoción, que si redactar es para algunos un mérito, para mí no es más que un punto de referencia, para mantener la cordura, pues no quiero enloquecer, para liberar la consciencia, antes de envejecer.