Negatividad Sin Inspiración

Me he tardado en expresar la falta que me hace una mirada, ocultarme entre escombros ya no sirve, la manchas están ahí, lo confieso, pero igual necesito el cambio. Salir a conocer gente, platicar y que las horas pasen, ser parte de la vida de alguien más de día y noche, no olvidarle ni que me olvide, que me sea posible estar al mismo tiempo en el mismo lugar, todo sea por compartir.

Tal vez fui hecho para dormir durante el día y escribirle al amor por las noches, aunque no solo al amor le escribo; a la inocencia, al miedo, a la negatividad, a los triunfos, a la vida y a la muerte les he dedicado versos. Estoy aquí, tendido esperando sentir la inspiración que a veces se apodera de mí, regalándome notas hermosas, que si bien casi nunca son historias, son parte de lo poco que he podido producir de la nada.

He querido escribir guiones, he fallado; he querido escribir novelas, no he terminado; he querido dejar atrás esta presencia desesperanzadora y tampoco lo consigo. Me veo cada mañana al espejo y me repudio por todo el mal que he cometido, todo es culpa de mis decisiones faltas de cerebro, por la poca o nula actividad con fin de liberarme de mis miedos; pero también comprendo la otra parte, la que nadie entiende, la que está enfocada a los destellos de virtud entre el montón de porquería.

No se trata únicamente de escribir estrofas sin sentido, hay que ponerles forma, y eso lleva tiempo, pero más allá implica pasión y valor, porque es muy fácil opinar entre cuatro muros, donde nadie nos escuche, maldecir a la mesa con la que nos hemos golpeado sin que otros se enteren, pero para que algo sea público y aceptemos que es de nuestra procedencia, hay que defenderlo con fuerza, con intención y sostenerlo a pesar de que a nadie más le agrade.

Así funciona la verdad, esa que no depende ni de mi perspectiva ni de la de los demás, esa que está por sobre todas las cosas, y sucede sí o sí, sin medias tintas, sin aproximaciones o estimados, se da por su naturaleza innata. La introspección podría sacarme de pobre si a los demás les interesara, y sobre todo si evitaran verla como un concepto completamente superficial y egocéntrico, porque el deseo de mi corazón, aunque no lo parezca, es que quien lea mis letras, encuentre un reflejo de la extrañeza de la vida en mí, que mis palabras tal vez no funcionen para ellos de camino, pero sí como un registro más.