Vida Moderna

Acabo de comprender algo, no puedo quedarme sin escribir; sé que está implícito en uno de los retos que me he impuesto, pero llenarme de estrés como consecuencia de no tener un lugar para liberar mi frustración me enferma, me hace daño. El día de hoy no he podido levantarme para ir a trabajar; y seguramente habrá repercusiones por parte de la familia laboral, porque soy un fracaso desde sus perspectivas, una pérdida de tiempo, un error solamente. Y en parte tienen razón, ya que les he dado esa libertad de opinar lo que quieran de mí tras bambalinas.

Me duele la cabeza, me ha estado doliendo durante todo el día; mi mente siente estallar y cuando he querido ponerme a escribir cosas relacionadas a historias, cuentos o novelas que he querido contar llegan los tormentosos pensamientos que me lo impiden; acaban con cualquier destello de inspiración convirtiéndome en un completo fraude.

Antes me sentía feliz, sin los afanes de la vida moderna, sin querer competir o poseer por ser alguien; a fin de cuentas sigo siendo un completo desconocido. Me hacía feliz aprender en la escuela, comprender temas nuevos, investigar e indagar, descubrir cosas que nadie conocía; la plenitud que llega cuando alcanzas una meta. Todo se vino abajo desde que dejé que usaran mi corazón y lo pisotearan a su gusto; cuando me atreví a mostrar un poco más de mí enamorándome a cambio de rechazo y mentiras.

Yo no sé si algo parecido al karma exista en mi existencia, pero de ser así, las facturas las tengo en número azules desde hace mucho; y las deudas que para conmigo tiene probablemente la vida no me las alcance a cubrir por lo mal que me ha ido. Ante todo, me he querido estar prudente, sin meterme con otros, sin herirlos, sin molestarlos, tratando de mantenerme como una persona decente y benevolente; pero duele mucho que me ignoren, que me hagan desaparecer e infravaloren.

Cargo con demasiado peso encima, y no hablo únicamente de cuestiones físicas; moral y mentalmente tengo una cantidad impresionante de situaciones almacenadas. Espero, en verdad espero, que Dios se acuerde de mí y me haga el favor no solo de perdonarme, sino de liberarme, de mostrarme el camino que debo seguir y me guíe de la mejor manera.

Esta depresión me asesina lentamente, no quiero que avance más, quiero que se detenga y me deje en paz, que me deje vivir y disfrutar, que me deje sonreír y llenarme de felicidad.