El Arte a la Musa

Cuando hables de amor, déjame darte unas palabras de mí para ti; antes, he de mencionar que me he saltado una pequeña regla para escribirte esto, porque quiero, porque puedo, porque es mi casa y escribo lo que me da la gana en el momento que se me antoje, y hoy planeo darte unas cuantas palabras, a ti, que espero leas esto.

¿Qué es la hermosura? Hermosura para mí es recordar la textura de tu piel y continuar extrañándote, hermosura es no olvidar el timbre de tu voz y tus risas de cuando estuvimos juntos, hermosura es que el aroma que desprendes no desaparezca de mi memoria nunca. Eso es hermosura, y también la aflicción que causa una noche en vela por pensarte sin descanso, la emoción de imaginar tu reflejo viéndome a través del agua o un espejo. La compatibilidad y deseos, la conexión de ideas, la mágica sensación de saber que te encuentras de maravilla en dondequiera que estés, sin importar estés lejos, ajena a mi compañía.

Es fácil hablar de amor y convencerte de lo mal que me ha tratado la vida; pero es mejor serte sincero y confesarte que no busco perfección, sino alguien con quien juntamente pueda pasar alegrías. ¿De qué sirve ser muñecos de aparador sin alma ni satisfacción? Me gustas tú, me motivas, me divierto a tu lado, me río de mis errores y puedo ser sincera y completamente yo, sin máscaras, sin mentiras, sin fachadas.

El amor mueve a realizar creaciones dulces y llenas de placeres; pero el desamor, el dolor en el olvido, la rabia del engaño, la histeria de un corazón roto, son los verdaderos productores de letras poderosas que causan impacto. Tanto en música, como en pintura, en escultura, danza y escritura, todos los artes están impregnados de inminentes sensaciones de tristeza, pavor, pena, miseria y melancolía. Alguna vez le dediqué mis palabras a quienes pisoteaban mis sentimientos. A veces todavía lo hago, pero quiero un poco más.

Todos requerimos una musa; una musa es el claro ejemplo del punto Norte en una brújula; sin eso, nos encontramos perdidos inmersos en un mundo de pensamientos sin sentido que se atropellan mutuamente y desacreditan cualquier proceso de creación en segundos. Sin una musa no hay garantía de que un texto se termine, una canción se dedique, un cuadro obtenga su retoque final, no hay un por qué o un para qué, ni siquiera un sentido de la continuidad en cualquiera que sea el arte en el que nos manejemos.

Yo te he invitado a serlo para mí, y estoy en espera de una respuesta que me lleve a conseguir los más grandes y gratos méritos de quien ha descubierto muchas verdades escondidas. Sigo paciente, y mis textos me acompañan, esperanzado en que pronto encontrarán una excelente manera de ser expuestos, una mente que es la única que me interesa saber qué es lo que piensa ante lo que hago, lo demás no importa. Así sea hermosura solo para su musa, el artista sabe que ha cumplido y es feliz de haberlo logrado.