Perdón

Perdón, no le he perdido el gusto a escribir, a contar historias que estén relacionadas con las desventuras y debrayes en mi mente, pero he de confesar algo, trabajo en una empresa que “godiniza”. Lo reconozco finalmente, he dejado de lado un bonche de actividades que me llenaban de placer con tal de ser más productivo y funcional para la transnacional en la que trabajo.

Como si, volviendo a mi propio pensar, ellos tuvieran planeado hacer de mí algo más que otro espectador de la vida, uno que deja todo ahí entre afanes, deudas, caprichos, intenciones incumplidas, necesidades y sueños guajiros; pero no, no me he querido poner el saco, por más que todo a mi alrededor insista en que está sucediendo ya mismo.

No he terminado de comprender hasta qué punto llegarán mis letras a ser funcionales; siempre habrá detractores, quienes opinen que no tengo capacidad, que cualquier idea que se me ocurra ya alguien la ha tenido y llevado a cabo antes, y probablemente tengan razón, pero mi motivación, el cimiento de mi fortaleza, es mi pasión por plasmar textos, por alcanzar a comprender la preciosa imagen dibujada ante líneas de letras consecutivas, palabras enamoradas una de la otra, que me llevan a creer que puedo sacarle provecho a mi placer, a mi gusto por redactar, a mi forma tan excéntrica de pensar.

Derroche de talento hay en dondequiera, y no es mi plan hacer menos a aquellos que ya llevan a cuestas el fruto de su esfuerzo y dedicación; les confesaré algo, me he envuelto en un vertiginoso vórtice de miedo, desconsuelo e indeterminación, que en conjunto me han transformado en la versión grotesca y corpulenta que un día fui. Justificándome con la idea de que “afuera hay peores”, no haciendo lo que está a mi alcance para sobrevivir; muriéndome, entregándome al matadero por cuenta propia; pero hay más, todavía queda de mí, de esta situación les juro que voy a salir.

//Escrito en mi Blog Wordpress el 3 de Agosto de 2017.