Estefanía

Hola niña bonita que un día encontré en Arandas, te recuerdo en mis pensamientos más que nunca antes; te quiero confesar todo, volverme transparente en cuanto a sucesos y vivencias, y construir junto a ti un entorno propicio al amor y las sanas relaciones. Ha habido gente en mi vida, que me ha hecho daño, no solo mentalmente, físicamente también; pero eso lo tomo como experiencias, enseñanzas que me hacen con el paso de los días un hombre más sabio y sensato.

Y quizá tú misma seas alguien más que me haga a un lado de su vida, pero he aprendido al fin a darles solo aquello que merecen como compañeras mías; de mí recibirán los resultados de lo que inviertan. Yo dejaré de regalarme; mi carga es la más ligera que habrías de imaginar si consigues de mí enamorarte. No me ilusiono, no quiero hacerlo; pues por la experiencia de vida con las damas me he obligado a andar con cautela; sincero, pero cuidadoso.

¿Quisieras saber algo de mí? Va, número uno: Soy fácil de enamorar. Trátame bien y sé honesta conmigo, cuida tu feminidad y no quieras abusar de mi inteligencia; créeme, soy un hombre de deducción impresionante, siempre sé lo que pasa y lo que va a pasar conforme a las pruebas, pero por lo general dejo que la gente sea, consciente de que nadie es perfecto, aunque claro, todo tiene sus límites; procura no alcanzar los míos y conseguir que te cierre las puertas de mi corazón, porque soy muy determinado.

La claridad de tus ojos, no negaré, ha sido una de las particularidades que me ha hecho feliz desde la primera impresión; estoy seguro de que es un cuento clásico que ya dominas de memoria, eso de la hermosura en la mirada como el piropo común. Pero fuera de eso, Estefanía, un par de bloques antes de llegar al sitio de reunión, dos chavas se les quedaron viendo a ti y a tu hermana Alejandra (sí, también me acuerdo del nombre de ella) y literalmente hicieron comentarios sensuales sobre ustedes, cosa que me causó gracia y me detuve a la distancia a analizar un poco.

Aunque ya en la intersección, en las nieves, no tenía ni idea de que ustedes eran las chicas que habían entrado al mismo destino que yo minutos antes; cuál fue mi magnífica sorpresa el hecho de que te quedaste viendo al libro en mi mano y resultó ser una herramienta estupenda para acordar contigo algo; me gustaría que llegáramos a ser cómplices, aliados, allegados, felices. Concuerdo con el hecho de que parezco estar poniendo todos los huevos en la misma canasta, pero te confesaré por qué, no soy alguien que me la pase coqueteándole al mundo, no es mi estilo, no es mi plan, no es el método que uso al conocer gente.

Soy interesante, y una atractiva dama que lee lo es automáticamente para mí; me conoces muy poco y yo a ti también, pero una sensación de confianza y plenitud en mi corazón me dice que claro que te voy a ver el día, a la hora y en el sitio pactado. Te envío un beso. Gracias por la experiencia. Ah, y no, no me rindo; si no eres tú, alguien más habrá de estar esperando por mí pronto. Bendiciones.

PD: Tardé en escribir esto meses, quizá años. Pero a las personas que me afectaron con sus acciones, aquellas que me hirieron en el corazón y el alma, les deseo un buen viaje, no soy rencoroso, se llevan con ustedes mi perdón y un poco de mi ser; ya no me consideren en sus caminos. Eso ha sido todo por parte mía. Les prometo gentileza, mas no cercanía, o tratar de volver a buscarles. He sido un sopenco para las relaciones hasta ahora, lo reconozco; juro por mi vida que seré mejor persona en adelante. No borrando el pasado, aceptándolo y cambiando para bien.